No fue un jueves. De hecho, el doce de Julio de 2013 fue viernes. A las 13:42. A esa hora publiqué la primera entrada de “La chica de los jueves”.
Es complicado explicar lo que significa para mí el vestido gris que dio título al primer post y que ahora mismo permanece guardado en alguna caja con ropa de verano. Es complicado explicar lo que aprendí de las tortugas, lo que leí de los charcos, lo que no me reí con las sombras. Es complicado explicar lo que significa en mi vida el rosa. Es difícil explicar cómo se pasa de plasmar ensoñaciones en un blog a tratar de almacenar sentimientos y momentos en un libro.
Complicadas son muchas cosas, vaya. Pero lo más difícil es contaros que mi viaje no comenzó ese doce de Julio. Mi pequeño gran viaje por el mundo de las letras comenzó desde que empecé a escribir en el colegio. Todo lo que me sucedía no tenía sentido hasta que lo plasmaba en un papel. Una historia que no es contada por escrito queda en el baúl de la memoria y, como todos sabemos, la memoria algunas veces nos juega malas pasadas. Se pierde, como se pierden las llaves o la cartera. Se pierde como se pierde un paraguas cuando deja de llover, cuando ya no hace falta porque ha salido el sol y dejamos de echarlo de menos.
Escribo para no perder la memoria. Sí. Tal vez sea uno de los motivos principales. Aunque no el único.
Escribo para entenderme y para entender lo que ocurre a mi alrededor. Escribo porque necesito escapar o porque quiero gritar. Escribo porque todos los días ocurren cosas increíbles que merecen la pena ser contadas. Escribo para quejarme o para reírme de la vida. Escribo de amor, escribo con amor.
Un buen día, hace casi tres años, con esta locura de epidemia 2.0 que nos envuelve, decidí crear un blog. Un blog de moda. Increíble pero cierto. Un blog que empezó siendo de moda y que acabó siendo como mi diario. Aterra, lo sé.
Cuando haces algo así, sólo te das cuenta cuando pasa el tiempo y lo vuelves a leer. Lo releí el pasado viernes por la noche. Hacía frío. Lágrimas como cascadas, como los dibujos animados japoneses.
Leyendo desde “Los colores de una sombra” hasta “La teoría del euro”, me pregunté qué quedaba de aquella chica, la señorita estresada que ponía nombres y caras a todo aquel y aquella que salía en el blog. La que no le temía a nada salvo a sí misma. La que hablaba por hablar y callaba por hacer algo. La que no tenía vergüenza (ni la conocía).
Tuve una conversación conmigo misma (y con ella), mientras comía palomitas y bebía vino, como hacía antes. Y decidí que todo eso no podía mantenerse ajeno a estos “Cuentos de amor y café” que estás apunto de leer ahora.
Habría sido injusto. Y no. No entenderías tan bien a “La chica de los jueves”. Porque faltaría algo. Y cuando falta algo, ya sabes que acaba sobrando todo.
Por ello este libro que con tanto amor estoy reescribiendo (porque ya estaba escrito, a fin de cuentas), va a contener entradas tanto de «La chica de los jueves» como de «Mrs. Stressed». Dos mitades de una misma naranja. Mi media naranja, que encontró a su otra mitad. Naranja entera, cabeza alta. Al fin y al cabo, está demostrado que cada uno hace de sus mitades su todo. Siempre es mejor eso que hacer del “todo” mitades.
Diario de Miss Estreses (que son muchos). La chica de los jueves (que somos todas).
Allá vamos.


Maravilloso todo lo que escribes.
Te encontré por casualidad hace una semanita escasa y no paro de leerte.
Gracias Chica de los Jueves
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Muchísimas gracias Andrea, gracias a ti ❤
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Vas a triunfar, chatina. No, no es cierto. Ya has triunfado. 😉
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❤
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No conocía tus inicios, pero eso me ayuda a conocerte un poco más y a alegrarme de aquel primer blog, pues en él se cuajó mi querida LCDLJ tal como la conozco hoy. ¡Y me encanta) (Y lo sabes, que diría alguno)
Un besazo guapísima, ¡a por todas!
Patri.
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jajaja Y lo sabes! xD
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Siempre lo digo, y esto es un ejemplo más, las mejores cosas en la vida pasan de casualidad. Y aquí te tenemos lanzada a la aventura de poner en papel y ordenar todo lo que llevas dentro. No nos engañemos, tú también piensas las cosas y a pesar de ello las dices.
Espero con interés, ilusión y, debo confesarlo, algo de ansia, poder ver el resultado de tu nueva aventura.
Beso jueves
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Pues a ver si lo termino y lo descargas jajaja muaaa Fer!!!
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Deseando Leer esos «cuentos de amor y café».
Feliz martes.
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A ver si lo acabo para algún día hija…porque a este paso..jajaja
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¡Hola!
Hace unos días me incluyeron en una cadena de menciones llamada «premio Liebster». La gracia es contestar once preguntas sobre ti y tu blog y nombrar once blogs que te gustan.
He incluido el tuyo en mi relación de once. Te pongo el enlace, por si lo quieres ver: http://negrocomounanochesinluna.wordpress.com/
Por cierto, ahora que hablas de tus comienzos, hay una entrada tuya antigua, de hace un año o así, que me encantaría releer. ¿Habría algún modo de recuperarla? Como entonces la dirección era otra, no la encuentro.
¡Saludos! 👋
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Ay! No sé a cuál te refieres! A veces me dan neuras y borro entradas que dejan de gustarme jajaj
Muchísimas gracias por el premio!!! 😉
A ver si recuerdas un poco de qué iba y te puedo ayudar, un saludo!
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Mmm! Recuerdo cosas muy poco concretas. Ni siquiera el título. Básicamente era una chica que reflexionaba sobre lo que el chico que la había dejado (o que no le había hecho caso) se había perdido.
Yo la leí en el otoño pasado, en octubre o noviembre del 13. Pero a lo mejor era anterior.
La tuve guardada como «favoritos» hasta que en algún cambio de dirección del blog dejó de salir así y ya no la encontré. 😉
Es cuanto recuerdo. Si no la encuentras no te preocupes, cosas que pasan. Pero si no, me encantaría releerla y guardarla. Me resultó muy inspiradora. Cambiando totalmente los géneros, en aquellos momentos me sentía reconocido del todo del todo. Jajaja! 😉👏
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buah, qué pena, porque la verdad es que no me acuerdo! En varias ocasiones me han dado neuras de «esto ya no me gusta», y lo he borrado quedándome tan ancha! jajaj lo siento!
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