Formación

En 2020 ―parece que fue ayer―, durante uno de esos largos días aburrida y confinada, se me ocurrió que estaría guay compartir con otras personas mi amor por la escritura. No tenía ni idea de cómo hacerlo, la verdad, pero quería desarrollarlo. Me volví loca leyendo libros sobre talleres de narrativa, subrayé montañas de teoría y me compré varios manuales llenos de ejercicios, consejos de otros autores y demás. ¿Un taller? Bien. ¿Pero cuál será su duración? ¿Y cómo lo comunico? ¿En mis redes y en el blog? ¿Me creo otras redes aparte? ¡Cuántas dudas! Y lo más estresante: ¿se apuntará alguien? Con la de formaciones que hay, ¿se van a apuntar justo a la de la chica que nunca ha hecho [gotita en la frente]?

Pues el caso es que sí que se apuntó gente. Y yo, a cada sesión, más sentía que ese era mi lugar, que había nacido para ello, además de para escribir [de alguna manera extraña que todavía no entendía]. Ahora, seis años después, agradezco a la chica de entonces que se lanzara sin tener ni idea de nada, porque tomó la mejor decisión. He conocido a más de cien mujeres ―iba a decir ciento cincuenta, pero igual me paso― increíbles, muchas de las cuales siguen a mi lado todavía. He crecido con todas ellas. He aprendido a creer en mí, en mi forma de ser, escribir y estar, en mi capacidad para experimentar, equivocarme y reparar los daños. He confiado incluso cuando no había grandes motivos. Mi método para enseñar no se separa ni por un instante de mí, porque es parte de mi alma ―por cursi que suene― y, conforme yo avanzo, avanza conmigo. Comparto todo lo que descubro, todo lo que me ha pasado y me pasa a nivel editorial, creativo y personal ―es casi imposible que no lo haga, para mí va de la mano―. ¿Por qué yo? Eso he pensado durante años. Ahora pienso: ¿y por qué yo no?

Lo que sé de escribir es porque lo he puesto a prueba. Los rechazos, las alegrías, los mensajes preciosos, los enormes errores. Los pasitos. El no rendirse. Sobre todo el no rendirse. Lo que sé lo doy sin miedo, aunque siempre me da cierto miedo no estar a la altura, por eso no dejo de formarme ―de estudiar, de leer, de escribir― para daros lo mejor de mí. Soy un poco caótica, a veces me salgo del guion que tengo previsto y otras, no sé cómo, acabo llorando [o haciendo llorar]. Seguramente, aprenderéis más técnica con talleristas diferentes, eso ya lo avanzo. Soy tremendamente imperfecta. A veces me repito con las anécdotas que cuento, porque ya son seis años y mi cabeza funciona regulinchi. Pero no encontraréis otra que se emocione leyendo una frase cualquiera de Mientras escribo de Stephen King, ni que comparta secretos de sus manuscritos en proceso, ni que suelte tantas palabrotas y siempre diga «el día que estas grabaciones salgan a la luz me cancelan».

En fin.

Lo que soy escribiendo pero formando.

Si os animáis, prestad atención a nuevos talleres, cursos y grupos de mi membresía (todo lo iré publicando por aquí).

Besitos.