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  1. te voy a decir dos cosas que seguro que te hacen sonreir, y que creo que te van a alegrar este jueves: la primera es que me hubiera gustado escribir a mi esta entrada, y la segunda es que está tan bien escrita, que has conseguido que se me cayeran varias lágrimas, de lo identificada que me he sentido.

    Una vez más felicidades. 🙂

  2. Pero qué bonito Mamen. Sé que siempre te digo lo mismo, pero cada vez que te leo me dejas sin palabras de lo emocionada que termina al leer tu entrada. ¿Y qué decir que no se haya dicho ya sobre dar más que recibir, sobre las murallas que construimos a nuestro alrededor? Las tuyas serán de papel, las mías son de ladrillo, de esos que te sirven como arma arrojadiza si ves peligro a la vista…Y esas tres cuartas partes que yo regalé, las he ido recuperando poco a poco, haciendo crecer esa pequeña parte que hace mucho tiempo me quedó.

    Un besazo guapísima, gracias por compartir algo tan bonito 😉
    Patri.

  3. Debo decirte que este fin de semana que ya he llegado a la muy honorable cifra de 35 años, me vi ante la tesitura de desenvolver esos paquetes de los que hablas. No fueron muchos, pero buenos. Y soy de los que miran el regalo, busca el celo, lo desprende con cuidado y va sacando el papel. Podría guardarlo para usarlo otra vez, pero no es el caso, Sólo lo hago porque pienso que la persona que lo ha envuelto le ha dedicado un tiempo… esas personas que trabajan en tiendas y tienen que meter en paquetitos regalos ajenos (¿te suenan?) merecen que respetemos su trabajo.

    Pero ahora en serio… sé muy bien de lo que me hablas… tú pusiste una muralla de papel, yo me sentía más identificado con el caballero de la armadura oxidada. Entumecido, asustado, resentido, escondido… pero salí. Y conocí y sonreí. Y cuando te sientes bien los demás lo notan y se acercan, puede que por cariño o por envidia, pero vienen.

    Un beso jueves

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