De lo que te encuentras cuando te pierdes

Vivir cerca del IVAM y no haber pensado nunca en ir a su biblioteca es un error, un tremendo error– Eso he pensado al levantarme, motivadísima para enfrentarme a un lunes de Agosto. Agosto. Odio Agosto. ¿Alguna vez lo he dicho? Pues sí: odio agosto.

¿Que por qué odio Agosto? Muy fácil: todo para. Es como si el mundo se detuviera mientras tú tratas de seguir con tu día a día a contracorriente. No me gusta que las cosas paren: preferiría parar yo, la verdad, y ya si eso, que fuera el mundo el que siguiera a contracorriente.

El caso es que tras desayunar, achicharrada ya de buena mañana, he partido hacia el IVAM, con mi falda amarilla y mi camiseta divertida. Sin peinar y apenas maquillada, metida en mi mundo feliz y despreocupado, con el portátil bajo el brazo pensando por dónde empezar a trabajar, con esta canción sonando de fondo en mi cabeza.

En estos momentos es cuando entiendo a mi madre cuando me dice que estoy empanada: me revienta darle la razón, pero no se equivoca. La mitad del tiempo lo paso así, con una canción sonando de fondo, mirando al infinito, con mil post-its llenos de ideas o delante de esta pantalla sin saber qué escribir.

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 El caso es que volviendo al tema, he llegado tan contenta al museo. ¿Y qué ha pasado? Que no he sabido por dónde narices se entraba a la biblioteca. He empujado varias veces la puerta principal sintiéndome totalmente patética mientras una pareja de guiris me observaba atentamente. El museo estaba cerrado, por aquello de que es lunes. Pero vaya, si alguien sabe dónde leches está la puerta a la biblioteca…que me lo diga. He dado una vuelta completa a toda la manzana con los dos guiris detrás siguiéndome como si yo tuviera la respuesta a sus dudas de por dónde entrar al museo, sin ningún éxito, vamos.

Rendida, he seguido río abajo con la firme intención de encontrar una cafetería que hace un tiempo me recomendó Señora. Una de esas que parecen galerías de arte, pero no. Con patio interior y camarero guapo. Bueno, lo del camarero guapo es un suponer, pero ese tipo de cafeterías casi siempre tienen alguien interesante. De todas formas, con el calorazo que llevaba encima y el portátil a cuestas, con encontrar un sitio fresco con Wi-fi me sobraba.

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Pero buscando me he perdido. Que no es que me haya perdido, más bien me he encontrado. La mayoría de veces, callejeando, creyendo que acorto camino, atraso más que otra cosa. Lo malo es que me encanta hacerlo: me encanta perder el tiempo perdiéndome.

Y andando he llegado.

Hacía tiempo que no pasaba andando por cierta zona del Carmen. Al pasar a la altura de esa plaza, algo me ha hecho girar a la derecha y alargar el camino por esa calle. He mirado hacia arriba: el balcón sigue tal cual lo recordaba. Una mesa, dos sillas, algunas flores. Aquel agosto todo era blanco, no había nada roto, pero entero…entero puede que tampoco. Todo olía a verano y a vino tinto. Olía a nuevo, a recién pintado.

Él era un tipo de tapa dura; la mía, sin embargo, era más como la de esos libros de bolsillo que venden en las gasolineras. Él era de pinturas y yo de letras, aunque en realidad, él era en blanco y negro y yo a todo color. Él tranquilo, yo nerviosa. Agua y aceite, cielo y tierra.

Cielo. Sin lugar a dudas, era más azul cuando estaba por aquí, pero también más gris. Lluvia y sol. Un perpetuo arcoiris.

Él leía “La imaginación atrapada“, yo en cambio “Todas las chicas besan con los ojos cerrados“.

La vida es bella. Eso pensaba. Y no sólo por la película, que también.

“El equilibrio es imposible” fue mi canción, la suya fue “Si te vas”. Desde entonces no he parado de escucharla.

Desde entonces, recuerdo ese balcón con más claridad de la que recuerdo muchos años de mi vida.

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Parece mentira todo lo que cabe en un balcón. Sólo te das cuenta cuando pasa el tiempo, cuando lo ves desde abajo como mera espectadora.

Resulta curioso. Ese balcón fue la más bonita casualidad, la más bonita historia incompleta, la más bonita noche de verano.

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 He seguido andando, con una sonrisa estúpida imposible de borrar, tan imposible de borrar como nuestra historia, la del balcón. Me he seguido perdiendo por mi barrio favorito y he descubierto rincones por los que nunca había pasado. Casas abandonadas con jardines interiores, ruinas, dibujos que aún no había visto, palacetes y gatos a los que aún no conocía.

A veces damos por hecho que conocemos al dedillo algo, y no pensamos que siempre hay cosas increíbles por encontrar. Pasamos mil veces por sitios que no observamos, sitios de los que estamos cansados de ver las fachadas, pero en los que rara vez entramos a echar un vistazo.

Con las personas nos suele pasar igual: siempre hay un fondo debajo del fondo. Siempre hay algo más bajo la fachada, bajo la tapa dura y bajo los pies. Siempre hay algo tras todo lo que ocultamos, tras todo lo que nos hace correr. Siempre hay algo, un hilo invisible que nos une a otro alguien, sepamos (o queramos) reconocerlo o no.

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Y andando, he llegado a otra biblioteca, una que ya no existe.

“Estoy de suerte, es mi día”-He pensado. Y por primera vez, no ha sido sarcástica la afirmación.

Realmente es una suerte que todo salga del revés de vez en cuando.

Es una suerte perderse, a veces.

 Es una suerte reconocer la suerte.

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Feliz día.

Imágenes extraídas de Pinterest

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Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

14 comentarios sobre “De lo que te encuentras cuando te pierdes

  1. ¿Qué estoy haciendo mal? Cuando yo me pierdo no me encuentro con recuerdos tan bonitos como los tuyos… En fin, debe de ser que no me suena la cancion adecuada en mi cabeza jajaja. Me ha gustado mucho el post!! Un beso

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  2. y es que a veces hay que perderse para encontrarse.
    Desde hace tiempo tras la dura jornada de trabajo tiendo a hacer eso, a ir a un sitio en concreto y perderme por todas las calles que pueda. Descubrir. Supongo que es la futura crisis de los “30” (todavia nos queda).
    Cada vez que la leo pienso que tenemos más cosas en común.
    Siga perdiendose. Y dandonos pautas musicales.
    Cuidate!

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  3. Huelga decir que soy experto en perderme… creo que vas adivinando que soy algo desastre, pero a mí lo que realmente me gusta es encontrar personas. Y es que muchas veces tienes delante de tus ojos a alguien especial, diferente, increíble, pero te olvidas de darle dos minutos de margen. Una pena. Mis mayores sorpresas y mis mayores alegría coinciden con mis mejores amigos.
    Besos

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