Que el viaje sea largo

Recuerdo que hace años me aterraba conducir por carretera. Iba a lo seguro, a los semáforos y las calles, a los peatones y los cedas. Una vez fuera de la ciudad era un auténtico desastre. Me visualizaba una y mil veces estrellando el coche contra el quitamiedos, pinchando alguna rueda accidentalmente (con el inconveniente añadido de no saber cambiarla), o quedándome sin gasolina por estar poco hábil controlando las salidas a las áreas de servicio. Terror era poco.

Durante un viaje mi miedo desapareció (a la fuerza). Aprendí a mantener el control y la calma, a sentirme más segura. Aprendí a afinar la vista y a entender las señales, a respetar la oscuridad y a destrozar los mapas. Aprendí que el coche no es más que yo, no me tiene que dominar ni controlar mis nervios. Aprendí a sentir eso que sienten los tipos de los anuncios de la tele cuando van al volante.

Con el tiempo (y el esfuerzo) las carreteras se han puesto de mi lado, me ayudan a disfrutar del paisaje y de la música de fondo. Me recuerdan a películas y a momentos, a rutas sin final y a decisiones sobre la marcha.

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No sé vosotros, pero algunas veces, yo seguiría conduciendo sin tener en cuenta el destino. Pasaría de largo la salida prevista y pisaría el acelerador sin pensar en exceso. Hasta donde alcance la gasolina. Hasta donde alcance el cansancio. Carretera y manta, con lo justo en la maleta y el bolsillo. Con una buena cámara de fotos y una libreta para apuntar pensamientos y detalles. ¿Demasiado soñadora? Tal vez. Pero, ¿no consiste en eso la vida, en hacer algo inesperado y emocionante alguna vez?

Que el viaje sea largo. No recuerdo dónde lo leí, o tal vez, en qué canción lo escuché.

Hay viajes y viajes. Más largos, más cortos. Viajes por amor, por negocios o porque sí. Hay viajes hechos a medida, hechos en fábricas listos para vender al por mayor. Hay viajes imprevistos y viajes impulsivos (y compulsivos). Viajes de novios, de estudios, de despedidas. Los hay más caros y más baratos. Pagados a plazos o a medias. En avión o en tren. En barco o en coche.

En coche. 

Cuando viajas en coche es más fácil perderte. Carreteras secundarias, autopistas, autovías, caminos de cabras, comarcales y de mala muerte. Has de tener bien pensado el trayecto para no acabar dando vueltas sin ningún sentido. Algunas veces, por mucho GPS que haya, una mala decisión genera el caos y la tensión. Te pierdes. Es inevitable.

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 En la vida, que es nuestro viaje más importante, pasa lo mismo. Por mucho que hayas estado atento a las indicaciones, por mucho mapa que lleves o por buen copiloto que tengas al lado, nadie está exento de equivocarse de salida.

Siempre hay alguna distracción, alguna señal equívoca, algún contratiempo. Algunas veces los mapas se manchan con gotas de café, los navegadores se estropean, o los copilotos se duermen. Algunas veces, se pone a llover tanto que se difuminan las letras de algún cartel, por rápido que tu limpiaparabrisas trabaje. Algunas veces, las carreteras están cortadas y te obligan a desviarte.

Algunas veces ocurre que el desvío te lleva por acantilados, carreteras peligrosas con curvas que requieren la totalidad de tu concentración. Curvas que te obligan a acelerar y a frenar, a cambiar de marcha, a cambiar de canción.

Algunas veces, en medio de todo el imprevisto, toca parar y pensar, tomar aliento y mirar alrededor.

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Otras veces ocurre que el desvío te conduce por parajes de ensueño. Carreteras desconocidas de esas que te invitan a mirar por la ventanilla y a cantar en voz alta. Entonces es cuando piensas en que, “fíjate, pues no ha estado tan mal el cambio de planes”.

A veces merecen la pena los desvíos.

A veces merece la pena perderse sólo por disfrutar del paisaje.

En la vida, como en las carreteras, lo que más recordaréis serán los cambios de rutas, los cambios de sentido, los imprevistos y las canciones. En la vida, como en las carreteras, lo que más recordaréis será quién fue vuestro copiloto. Quién sujetaba el mapa y luchaba contra el GPS. Quién se calmaba por mantener vuestra calma. Quién cambiaba de canción. Quién os abría la botella de agua.

En la vida, como en las carreteras, más que el paisaje cuenta el viaje. Más que las fotografías cuentan los momentos. Más que el copiloto cuenta el compañero.

En la vida, como en las carreteras, a fin de cuentas poco importa más que las decisiones a tiempo.

Y si te equivocas de salida, tranquilo, darás más vuelta, pero al final podrás llegar a tu destino.

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Que el viaje sea largo.

Poco más importa.

Lo demás, a fin de cuentas, está de más.

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Imágenes obtenidas en Pinterest.

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Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

26 comentarios sobre “Que el viaje sea largo

  1. ¡Cómo te comprendo!
    He sentido todas las sensaciones que describes, hasta la última coma.
    Piensa tú, justo el vienes, todas las ePIDEmicas nos vamos a embarcar en un road trip. Tendremos bien presente todos los pensamientos y las palabras que nos has regalado en este post.

    Un brazo.

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      1. Alquilamos un coche para siete y somos seis… sólo dinos dónde hay que ir a recogerte! Así ya nos vas contando tú las cosas a lo largo del viaje… que será de 3 días, pero prometemos que va a ser largo. 😉

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  2. ¡Preciosa comparación! Entre la vida y un viaje, sea el medio que sea. Y como bien dices, hay que saber apreciar la belleza de cada momento, acelerar cuando toca o concentrarse en las curvas. Y al final lo de menos es el destino, sino el viaje en sí, lo que aprendemos en él, quien nos acompaña, lo que dejamos atrás,…

    ¡Un beso!
    Patri,

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  3. Y yo sin saber conducir… mira que no he dicho que no tengo carnet de conducir (que no lo tengo) es que no sé conducir… pero ni idea.
    Eso sí, soy un gran copiloto de viaje, pero un pésimo de vida. Nunca me pierdo en lo primero, nunca sé dónde estoy en lo segundo.
    Besos

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  4. Me encantan esos viajes de carretera y manta, de cruzarte el país de punta a punta, mapa en mano (¿GPS? ¿Qué es eso?). De parar en el arcén porque necesitas respirar ese paisaje que no te perdonarías pasar de largo. Esos viajes donde el tiempo no existe, sin prisas. Conducir por carreteras secundarias, largas y solitarias, al atardecer, con la ventanilla bajada, sintiendo el viento en la cara, sabiendo que puedes disfrutar del momento… Aunque con un niño pequeño en el asiento de atrás preguntando “¿cuándo llegamos?” cada cinco segundos la evocación es bastante menos bucólica… ¡Jajaja!
    Por cierto, también hay el viaje… de Pau. :p
    Un abrazo!

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  5. Me gusta viajar, me gusta conducir… Por la libertad del camino, por las canciones compartidas, por los paisajes inspiradores, por los paisanos generosos… un ‘roadtrip’ es algo muy especial.

    Good bye San Diego #summer #friends #california #usa #beach #playa #verano #agosto

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