Pequeño corazón de fondant

El otro día vi una foto tuya. Llevabas un vestido rosa muy cursi, con lazada en el cuello y manga larga. Cara de bruta, mofletes inflados, mirada de “a ver cómo subo… pero que tengáis claro que subiré”. Estás en un tobogán, a punto de trepar por donde se debería bajar. Siempre quisiste ir en contra de la gravedad. Ahora lo sé: querías volar.

Si hubieras sabido todo lo que te iba a pasar… te habrías rasgado esas vestiduras de niña ñoña. Habrías dado saltitos, emocionada. Habrías gritado, tal vez. Quién te iba a decir que tus ganas de subir al revés un tobogán, que tus sueños de hacerlo todo yendo en contra del “no podrás” o el “es muy difícil” te convertirían en quien eres ahora. Ahora. Pero aún no lleguemos al presente. Tan rápido no. Volvamos ahí, al tobogán. ¿Sabes? Ojalá te tuviera delante para decirte unas cuantas cosas. Seguramente me habrías ignorado, asintiendo como prestando atención, con esa forma tan tuya de fingir que estás en el suelo cuando en realidad estás por el cielo. Ajam. Movimiento leve de cabeza. Arriba. Abajo. Sí. Pero no.

¿Te digo algo, pequeña niña ñoña? Aunque no me escuches, te soltaré una pequeña charla. Así voy practicando, ¿sabes? Pero déjame que carraspee un poco antes, que las palabras que te quiero decir cuestan más de salir que las pastillas de entrar sin agua.

A pesar de tus lazos y tus algodones rosas, sufrirás. Sufrirás por cosas estúpidas. Y lo mejor es que la mayoría de veces ni sabrás el motivo. Te comerás la cabeza. Le darás vueltas a un montón de situaciones con fecha de caducidad. Escribirás notitas. Y cartas. Y whatsapps, cuando lleguen. Y descubrirás lo útiles que son los pantallazos en los grupos de amigas. Ejem. Graba esto más que lo demás: nunca descuides a esas amigas a las que en los días raros les das por saco con pantallazos, las amigas son lo más importante que tendrás jamás, así que no lo olvides. No lo olvides ni aunque llegue con su caballo uno de esos príncipes de otra época… Espera, que se me ha atragantado algo, ahora sigo. Ups. Lo siento, no era atragantamiento, era solo una risa ahogada. 

Segunda nota importante: No creas en los príncipes. Nunca. Jamás. No existen. Ni ellos ni tú como princesa. Princesa (o príncipe) lo es quien nace con esa estúpida sangre azul que hace que un ser humano esté en un estrato superior a otro igual o más digno que él. Tú no eres una princesa: eres humana, una mujer increíble con un montón de virtudes y —ojo— de defectos. Y los adorados príncipes, lo mismo. Son humanos, solo hombres mortales, como tú, con un montón de virtudes y —ojo— de defectos. Cuanto antes te quedes con esto, mejor te sentirás contigo misma, con quienes te rodeen y con el amor en general. Nadie es perfecto. Y —ojo— tú tampoco.

Pero una cosa te digo… aunque aceptes que no somos perfectos y que los chicos tienen defectos, nunca permitas ciertas cosas. Nunca dejes que te mareen: los que van y vienen siempre es porque en el camino se entretienen. O directamente, porque no te quieren. Y no pasa nada. Cuando aceptes que la primera que ha de quererse a si misma eres tú, los mandarás mucho más rápidamente a la mierda uy, perdón. Te decía, que no permitas ciertas cosas. Si no se acuerda de ti, no es por sus múltiples ocupaciones. Si no te demuestra amor, no es por miedo. Si no lo hace, tal vez sea sencillamente porque no lo sienta. Pero no te preocupes, al final entenderás que así son las cosas. Y solo cuando mires directamente al problema y alejes de ti lo que no es para ti… llegará. Suena a topicazo asqueroso. Pero es la verdad. No es cosa del destino ni chorradas de esas, ni porque existan las almas gemelas ni los hilos rojos. Creo que las cosas buenas llegan cuando somos capaces de entender que nos las merecemos. Todo cambio exterior viene dado por un cambio interior. Sin ese cambio, estamos destinados a repetir una y otra vez los mismos errores. Y a ser infelices. Y no queremos eso ¿verdad?

Intenta cambiar pronto de mentalidad, pequeña niña ñoña, que ya te digo yo que sufrirás.

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Aunque ahora no pilles mucho las cosas y solo pienses en formas, colores, juguetes y abrazos, debes saber que un buen día —por decir algo— todo eso ya no será así. Pillarás muchas cosas (bueno, igual no tantas), pero dejarás de fijarte en los colores, en las formas, en los juguetes y… muy a tu pesar, dejarás de dar y recibir tantos abrazos. Es una cruel y extraña ley de vida. No te culpes mucho por ello pero trata de cambiarlo cuando te des cuenta de que está sucediendo. Que los años no te roben los abrazos. Nunca.

Que los años no te quiten los sueños, pequeño corazón de fondant. Porque llegará el día en que, aunque lo creas imposible, serán lo primero para ti. ¿Te hago un spoiler? Bueno, mejor no. Te dejaré que lo descubras todo tú solita. Estás un poco empanada, pero cuando quieres eres rápida. Así que… poco más que añadir. Bueno, sí. Haz más locuras. Sé más rebelde. Habla más fuerte. Escribe sin parar. Sal más de fiesta. Da más por saco. Y por Dios, péinate más, por favor. Sé más ordenada. No empieces a morderte las uñas, será tu vicio más asqueroso.

Y aunque un día te veas a ti misma en un sofá, agarrada a una manta mientras todo alrededor tiembla, ten por seguro que pasará. Ese momento se acabará. Como acaban las tormentas, los maremotos, los terremotos, los llantos y las canciones. Acabará. Haz caso a quien te diga que acabará.

Y cuando llegue… no, va, no te voy a hacer otro intento de spoiler. Prefiero que sigas soñando. Prefiero no adelantarte nada más. Pero atenta: cuando te pongas en plan Drama Queen, que las dos sabemos que te encanta…, recuerda que aunque no siempre sea fácil el camino, tú ya sabes cómo subirte a un tobogán por el lado chungo.

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Muy pronto, en librerías, la PRIMERA EDICIÓN EN PAPEL de Obras de arte y otros relatos que pasa a ser CORAZÓN DE FONDANT, el título que siempre debió tener.

Gracias a todos por estos tres años de magia. Gracias a mi editorial por confiar en mi. Gracias a todos los que me aguantan desde que me subía a los toboganes con mis pajarracos mentales.

Espero veros las caritas en las presentaciones que vayamos haciendo.

Mil besos.

M.

 

Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

10 comentarios sobre “Pequeño corazón de fondant

  1. ¡Muchas felicidades por el libro! También le podrías haber puesto «La niña que se subía por el lado chungo del tobogán». Es broma jeje, me encanta el nuevo título y espero hacerme con él pronto. Gracias a ti por desprender tanta magia y buenas energías, la publicación de tus palabras está más que merecida.
    Espero que seas muy feliz y que sigas afrontando al revés los toboganes.
    ¡Un gran abrazo! 🙂

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