Teoría o realidad

Así es. La teoría es un “yo nunca”. La práctica es un “yo siempre”. La teoría te enseña que no tienes que  mojarte mucho. La teoría te dice que no tienes que esperar mucho de los hombres, ni de las personas en general. Que cada uno es como es.

Pero la realidad es que siempre esperamos que la gente reaccione como nosotros haríamos. La realidad es que si mandas un mensaje, esperas que te lo respondan. Así de sencillo. Y el desespero es proporcional al porcentaje que ocupe esa persona en cuestión en tu corazón. Si ocupa un diez por ciento, puedes proseguir perfectamente con tu vida. “Anda y que le den, ya vendrá otro”, piensas. Si ocupa un cuarenta por ciento, esperas unos días de rigor mientras, lenta y pausadamente, le vas maldiciendo por ser tan imbécil. “Anda y que te pise un camión, cacho capullo”. Pero si el sujeto en cuestión ocupa más del ochenta por ciento, no hay día que no pienses en los porqués. Y te preguntas una y otra vez si es que habrás dicho algo inconveniente, algo que suene borde (que eso lo eres, y bastante), algo que asuste o que comprometa, o algo que incomode.

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Y le das mil vueltas al cajón de camisetas tratando de encontrar la mancha original que ha estropeado un par de ellas. Y por más que buscas, no la encuentras. Y esperas. Y desesperas. Hasta que llegas a pensar que “tal vez no sea lo suficientemente buena, o guapa o lista”. Y no. Error. En realidad deberías pensar, siguiendo la línea agresiva de los otros porcentajes, “anda y que te funda un extraterrestre con sus rayos láser y que te deje más calvo de lo que ya empiezas a estar, gilipollas”. Que sí, que no es necesario insultar, pero una se queda muy en paz.

Porque lo fácil, cuando una persona te gusta demasiado, es acabar infravalorando tus cualidades y poner en un pedestal las suyas. Porque lo ves tan diferente, y tan “éste sí que sí”, que olvidas que está más tarado que el anterior. Es lo que pasa. El cerebro humano tiene la extraña manía de comparar sin recordar. Sin determinar realmente bien al hablar. Y el de ahora siempre hace malo al anterior hasta que éste, el nuevo, acaba siendo malo. Entonces, hace bueno al anterior, claro. El caso es que, cuando idealizamos a alguien, la vía común es creer que el defecto está en nosotras.

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Y sí, tenemos fallos, defectos, pegas, locuras, granos, kilos, grasa en el pelo y mil cosas más que nos hacen poco atractivas recién levantadas, y no como esas actrices que duermen con rimmel y se levantan con el pelo de peluquería. Y metemos la pata mil veces, porque tenemos las expectativas tan altas y el listón tan bajo, que muchas veces nos genera un pinzamiento en los nervios y un conflicto de intereses difícil de superar.

Pero, ya está bien, ¿no? La teoría es una cosa. La práctica es otra. Y la realidad, ¿Quién narices sabe de qué está hecha la realidad? Supongo que cada uno lleva unas gafas distintas, unas gafas que hacen que cada cual mire con el color de sus cristales. Y no hay más que entender que lo más difícil que existe en esta vida es simplificar. Y ya sabéis que todo lo difícil es difícil por algo. Porque importa. Todo lo que importa de verdad, suele ser complicado de alcanzar, porque requiere fuerza de voluntad, ilusión y ganas. Y yo creo que simplificar es la clave de la felicidad.

Y cuesta hacerlo, pero cuando lo logras, te haces invencible.

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(Extracto de “Teoría o Realidad” de “Historias de.”)

La chica de los jueves.

Escrito por

Escritora novata, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

8 comentarios sobre “Teoría o realidad

  1. ¡Magnífica entrada! Si me permites un matiz, sólo añado que, siendo chico, también nos ocurre lo de darle mil vueltas si “ella” no te contesta el mensaje o no tan pronto o con el entusiasmo que te gustaría, etc. A mí, desde luego, me ocurre y espero no ser el único bicho raro. 🙂 Seguramente el de los desajustes entre teoría (expectativas) y realidad es el gran tema que marca las relaciones personales, creo. ¡Saludos!

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  2. La realidad de cada persona es un mundo, y como bien dices, cada uno vemos las cosas con unas gafas distintas. De ahí que muchas veces no se ajusten nuestras expectativas a la realidad…

    Muy buena reflexión Mamen, como siempre.

    ¡Un beso grande!

    PD: yo también mando alienígenas para que le den su merecido a aquel que no me contesta… jeje.

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