Qué curioso.
Lo que pasa con los amores indefinidos, es que no sabes ni cuando empiezan, ni cuando acaban. No hay ni fechas ni aniversarios. Ni regalos de más de 10 euros. No hay nada palpable, nada material, nada realmente significativo que te haga poner la bandera en el pico de la montaña. En lo alto de tu Everest particular: «Aquí estuve yo; aquí llegué yo».
A veces, no quedan más que las fotos del antes, y también las del después. Las pruebas del delito. Las huellas. Lo que hace real lo irreal.
Las fotos del antes ayudan con lo que eras, son fotos para establecer un orden en medio del caos, para medir el tiempo y el olvido. Y lo vivido, también.
Repasando las fotos del antes, veo una chica distinta, que no diferente. Simple y compleja a la vez. Brillante y perezosa a partes iguales. Parca en palabras y espléndida en letras. Sutil pero ambiciosa. Tenaz pero poco hábil. Malhablada pero elegante. Un cúmulo de matices románticos en una personalidad forjada a base de libros escritos por soñadores. A base de series de adolescentes norteamericanos. A base de películas de amor.
Ella, la de las fotos, era como un dulce crêpe de mermelada de fresa. Tan inocente que parecía aniñada y frágil. Tan ñoña como las canciones que escuchaba. Tan pava como la Swift. Tan tonta como los chicos que le gustaban. Bueno, tal vez tanto no.
Ella, la de los veintimuypocos, saltaba sin red, se estrellaba contra el cielo y rebotaba directa al suelo. Le gustaban las fotos. Las guardaba todas. Y se enamoró, total y absurdamente del hombre sin rostro.
El hombre sin rostro no guardaba fotos del antes. Las tiraba, las quemaba. Tachaba las caras. Intentaba que no le fotografiaran desde entonces. Se escondía de los flashes, que le rebotaban en las gafas de sol.
Pensaba que nadie le veía tras el humo de su cigarro. Era obstinado. Inconsciente. Un insensato cargado de recuerdos. Un vagabundo emocional. Pese a todo, creía tener un superpoder que le hacía inmune al exterior de sí mismo. Un superpoder que le protegía de caer de nuevo en el amor: la invisibilidad.
Poseía un superpoder y también un defecto salvavidas (que él creía que le salvaba la vida, vamos a decirlo así) : la creciente ceguera que padecía.
Una ceguera precoz que le impedía ver más allá de la segunda capa.
Pero entonces la encontró.
Entre una multitud de cabezas perdidas en una noche de verano estaba ella. No llevaba ni vestido ni tacones. Le atrajo la calavera de su camiseta y su sonrisa de vino blanco.
Pensó, tal vez ella me haga ver la tercera capa. Tal vez sólo sea temporal esta ceguera. Tal vez sea una ceguera selectiva. Tal vez. La observaba de lejos, sin saber todavía que ella sería lo más bonito que le pasaría en mucho tiempo.
Sin saber todavía las fotos que vendrían.
Tal vez. Tal. Vez.
«Tal vez ahora empiece a ver mejor», pensó el.
El tal vez se convirtió en un quizás. El quizás en un podría ser.
Y con el podría ser, ella ya estaba tan dentro de él que no quedaba otra opción si quería mantener su superpoder: huir.
Porque sabía que ese podría ser acabaría con el.
Otra vez.
Huyó sabiendo cuál era la tercera capa.
Y la cuarta también.
Por eso su capa de invisibilidad ya no funciona muy bien. Había visto más de lo que debía para poder continuar con su vida como si nada. Por eso siempre volvía, como un despertador de lunes por la mañana.
Nunca le gustaron las fotos, pero aún sin saber porqué, la recordaba como si la viera a diario en una instantánea de Polaroid pegada en la frente. Como si viviera en él.
En cierto modo, así era.
Es curioso.
El amor suma y resta sentido a nuestras vidas según le conviene.
Todo cambia. El contexto. Las personas. Las historias.
Jamás las fotos del ayer.
Ahora que lo pienso, nunca nos hicimos una foto.
Tal vez, el futuro nos brinde una.
Tal vez.
Imágenes obtenidas de Pinterest.









Mira, entre que es lunes, no un lunes cualquiera, sino lunes de puente, que no ando yo muy feliz con la vida y que hoy tengo mucho trabajo y de lo más feo… uff me has metido la melancolía hasta los huesos!!
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Pues no me alegro por lo de que no andes muy feliz con la vida, pero sí me alegro de meter melancolía, que era lo que esperaba jajaj
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Ains juegas con mis sentimientos!! 🙂
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Sonrisa de vino blanco. Me la quedo.
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Cedida queda siempre y cuando recuerdes la genial bloggera que la parió xD
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Me encanta ese estilo tan personal y tan cercano que tienes. Al leer tus posts, y en particular éste, es como si me lo estuvieras explicando al oído. Cada frase es trascendente. Y sí, ayysss el amorrr…
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Jo! Muchas gracias!!!! 🙂 🙂 «Cada frase es trascendente»…GRACIAS!!!
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No me puede gustar mas este POST ! El estilo, las fotos y todo ! FAN desde YA 🙂
Un abrazo !!!!!
http://sweetjungle.wordpress.com
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Gracias guapísima!!!! 🙂
Un beso!!!!
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Una historia con un regusto misteriosamente mágico. Como uno de los cuentos de Tim Burton, pero en bonito.
Me encantas, chica de los jueves!
https://uncafebombon.wordpress.com/
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Eres estupenda, haces que cada día me den más ganas de escribir y escribir sin parar para mejorar lo que cuento y parecerme un poco a ti. Gracias por estas historias tan bonitas y bien contadas, sabes cómo usar las palabras con amor 🙂
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