Taquilla vacía

-6.

El primer día que trabajé en Zara, mi turno fue de 13:30 a 22:00. Fue un domingo, 1 de julio, primer día de rebajas. Cuando salí, totalmente muerta de tanto trabajo, recuerdo que perdí el autobús y empecé a llorar de la rabia que me dio y de lo agotada y acabada que me sentía en ese momento. Eran las diez y pico. Me quedé sentada en un pivote y esperé al siguiente autobús mientras pensaba que sería un trabajo temporal, un puente por el que tenía que cruzar mientras acababa la carrera. Pero el puente se hizo largo. Muy largo. Tan largo como puedan medir ocho años de vida. Bastante, ¿verdad?

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Las primeras semanas fueron duras. Me sentía una cría tonta recién salida del horno, con muchas ganas y muy poco carácter. Con mucho maquillaje y con muy poco pecho (si me comparaba con la media de empleadas, claro). Me veía frágil y fácilmente manipulable. Como si de un soplido se pudieran llevar todo mi buen humor a base de miradas por encima del hombro y altivos pasos sobre tacones de aguja. Al poco tiempo aprendí que para trabajar en una tienda de ropa se ha de ir con casco, coderas y chaleco antibalas. No vale la flojera ni la inocencia. Te la quitan de dos tortazos en pocas horas.

Espabilas pronto. Ganas picardía, rapidez, mala leche (la justa) y te acostumbras a mirar para otro lado, a trabajar, oír y callar. Y empiezas a distinguir, a mejorar la vista y la intuición, a salvar tus sueños que, guardados bajo llave, consiguen sobrevivir a bajones y tempestades. Y conoces. Conoces a gente increíble. Tal vez cojas cariño a todo el mundo, a unas más que a otras, obvio, pero siempre hay personas que hacen que el trabajo signifique desconexión, sanación de problemas y amistad. Hoy por hoy puedo decirlo: se puede hacer amigas en un trabajo así. Vosotras, ya sabéis quiénes sois, habéis sido y seréis, aunque ya no esté a vuestro lado, refugio, hogar, horas tontas, lágrimas compartidas por estrés, novios que dejan de serlo, o familiares que se fueron y que ya sólo vivirán en nuestros recuerdos. Habéis sido la madre, la amiga, la profesora, la compañera y el portazo. El grito, la ansia, el tic nervioso del ojo. Sé que no conoceré gente que trabaje más y mejor que vosotras. Y ojalá todo el mundo lo supiera. Y ojalá todo el mundo os hiciera a vosotras también una fiesta con globos.

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Para todos vosotros —que no habéis trabajado en Zara— nosotras somos la cara perro que te mira mal y que no quiere mirarte la talla, o la que se va y no vuelve, o la estúpida que se cree mejor que nadie. Tal vez penséis que sólo doblamos ropa y nos miramos en los espejos a ver si el rimmel se nos ha corrido o si el pintalabios está en su sitio. Quizás creéis que nos probamos ropa entre venta y venta. Igual esa es la chunga imagen que damos, o que a lo largo de la historia de esta nuestra tienda, han dado algunas chicas. Pero no sabéis lo equivocados que estáis con la mayoría.

Nosotras, las chicas de Zara, es cierto, a veces estamos estresadas y no atendemos tan en calma como querríamos, pero nos gustaría hacerlo, de veras. Si no sucede, es porque del mismo modo que te estamos atendiendo a ti, estamos escuchando peticiones y quejas de cinco personas más a la vez. Si no te contestamos al instante no es porque no queramos, posiblemente tratemos de no olvidar la referencia que acabamos de memorizar para pedir la talla de otra clienta a nuestra compañera de almacén (no os podéis ni imaginar lo que se trabaja en un almacén de Zara). Ojalá pudiéramos ir más tranquilas y ser personal shopper, colega y asesora, pero el ritmo de trabajo nos impide pararnos mucho, porque si eso sucede, se nos come la tienda, el probador nos explota, las mesas se caen y las paredes se vienen abajo vacías de tallas y sentido. Cuando una chica zara se para, la tienda tiembla. Y no miento. El mil por hora se queda corto para explicaros cómo vamos a veces. Así que, por favor, como en todos los trabajos hay gente gilipollas, pero la mayoría de veces sólo somos chicas (y chicos) normales, que tratamos de hacer nuestro trabajo de la mejor forma posible.

Y si a veces no podemos evitar la cara de agobio, desde aquí, y en nombre de todas (y todos), os pido disculpas.

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Por contrapartida, seguro que habéis dado alguna vez con esa chica dulce que está dispuesta a ayudarte en lo que sea, en buscarte modelito, escucharte, ser tu amiga de un rato y tu mayor fan si hiciera falta subirte la autoestima. Estoy segura de que, aunque se hable menos de ellas porque siempre gusta más vociferar antes lo malo que lo bueno, has dado con alguno de esos diamantes que relucen por sí solos entre tanto caos textil. Fijo que sí. Pues bien… os diré que esa chica encantadora (en mayor o menor medida) tiene que lidiar también con el lado oscuro del ser humano, como por ejemplo, con señoras que la llaman desde la otra punta de la tienda, con gente que tira la ropa al suelo y es incapaz de mostrar ni un atisbo de empatía (y educación) agachándose a cogerla o con personas que hablan las unas por encima de las otras, queriendo ser las primeras y más importantes sin guardar turno ni respeto por sus semejantes. Así como chicas que se prueban y lo dejan todo tirado en el probador, del revés, sucio… y cosas peores.

Lo que quiero decir es que, estemos en el bando que estemos, dependienta o clienta, aquí cada cual tiene lo suyo y su parte de culpa de que tanto unas como otras puedan tener mala fama. Creo que lo imprescindible siempre en el trato humano es ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Siempre. Si no somos capaces de eso, creo que es un claro síntoma de no saber vivir en sociedad, con lo que lo más sensato sería irnos a una isla desierta a comer cocos, rodeados simplemente por nuestra propia soledad.

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Yo dentro de nada estaré en el bando de las clientas. Para ser más exactos, a partir del sábado que viene. Y no me lo creo. No me creo que vaya a vaciar mi taquilla. Mi desastre de taquilla. ¿Quién la ocupará? ¿Le contarán de quién era? ¿Le dirán lo desastre que fui durante 8 años? ¿Le hablarán de mis calcetines desparejados y de mis cierres con uniforme de vuelta a casa?

Mi taquilla. Mi taquilla sin llave. Nunca he logrado conservar ninguna, no sé cómo lo he hecho, pero siempre he terminado abriéndola metiendo una percha. Supongo que soy incapaz de conservar los objetos pequeños, como llaves o pendientes… pero confío en conservar todo lo importante. En todo este tiempo trabajando de cara al público, he aprendido que todos somos iguales, igual de cenutrios, zopencos, absurdos, inquietos, ansiosos, estresantes y maleducados (a veces). Que todos tenemos luces y sombras, que la cagamos repetidamente sin casi darnos cuenta, sin ver que siempre hay alguien mirando, que nada pasa inadvertido, que todo acto tiene su consecuencia y su correspondiente memoria histórica. He aprendido que del mismo modo que existe la nobleza, existe la maldad, pero que esa maldad que parece fruto de alguna clase de ser infernal, viene dada en la mayoría de veces a partir de una tremenda inseguridad. Porque la inseguridad, y los complejos derivados de ella, mata personas y relaciones humanas. Qué manera de cargarnos lo humano, de verdad.

Pero existe luz. Personas que te tienden la mano, gente que entiende tus sonrisas y hasta es capaz de comprender tus días malos. Hay gente que genera alegría con el simple hecho de estar viva, gente que elimina los vacíos y lo pinta todo de rosa, quemando todo el gris, mandándolo a tomar por saco. Hay gente increíble ahí, en cada tienda, en cada bar, en cada esquina. Nunca jamás, aunque tu rutina te queme, tienes que perder la fe en las personas: recuerda que sólo nos tenemos los unos a los otros.

En estos 8 años he crecido.

Y ahora se me encoge el corazón al pensar que mi vida va a cambiar, pero hay que avanzar… y seguir creciendo. Tal vez sea un hasta luego, o puede que acabe siendo un adiós definitivo. Una siempre conoce su punto de partida, pero no su destino.

Esta entrada va dedicada a todas las personas que saben lo que es trabajar de cara al público, sobre todo a las empleadas de Zara, en particular a esas que pringan y se dan viajes del almacén a la tienda y de la tienda al almacén, esas que no suelen recibir mucho reconocimiento, pero que son el motor de una empresa.

Pero sobre todo, este post va dedicado a mis compañeras de trabajo, en especial, y si me permitís la licencia, a vosotras, Valentinas.

Siempre.

Gracias por todo.

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M.

 

Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

29 comentarios sobre “Taquilla vacía

  1. Generalmente duele dejar atrás una etapa de nuestras vidas, pero es necesario para hacer lugar a lo nuevo que llega. Lo mejor en el nuevo camino, con el bagaje de experiencia que has aprendido en Zara.
    Un saludo cariñoso desde Argentina.

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  2. Ha sido una trayectoria larga y se nota que te deja un buen sabor de boca, experiencia y muchos momentos para recordar. Es una entrada que me ha gustado mucho, uno nunca sabe lo que al final terminará echando de menos. Hablas desde el cariño y es bonito leer que a pesar de todo eso es con lo que te quedas. Mucha suerte en tu nueva andadura y proyectos.
    Besazos fuertes,
    https://confesionesydesvarios.wordpress.com/2016/05/02/uno-y-dos-a-la-vez/

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  3. Pffff…he leído tu post unas 3 veces y no sabes lo identificada que me siento contigo…
    Llevo el mismo tiempo que tu trabajando en la misma empresa,y no sabes como entiendo cada una de las palabras que has escrito.
    Te deseo suerte en tu nueva etapa…

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  4. Te deseo mucha suerte en tu nueva etapa..solo decirte que yo soy compañera de zara y llevo muchos anos..y que es como nuestra segunda casa,se trabaja duro,se aprende muchas cosas nuevas,,y cada vez conseguimos entre todas que el.trabajo sea ameno,eficaz..etc.Yo no se cuántos anos me quedarán en inditex(,zara)…o meses..etc..pero lo que si se que luchare por todas las mejoras posible para las trabajadoras..y aquí menciono gran comiteG CCOO..las palmas..sii pertenezco Comisiónes Obreras,,sindicato..estoy muy contenta y feliz..Solo decirte gracias por contar tu historia en zara,,muchas nos vemos.identificadas con.todo lo relatado..un saludo desde las palmas de gran canaria

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  5. Llevo casi 7 años y medio trabajando, y este será mi ultimo mes. Yo tambien me lo dejo. Llega un momento que te pesa mas lo malo que lo bueno. Son mas los dias que llegas a casa enfadada, agobiada, cansada, triste o desanimada, que los dias que llegas feliz por haber tenido un buen dia en la tienda.
    Y aun así, ha sido una experiencia increible que no cambiaria por nada.
    Pero ha llegado el momento de parar, descansar y pensar en cual va a ser la nueva etapa.

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  6. Más claro y exacto no podrías haber descrito este trabajo. Me identifico con cada una de las cosas descritas. Creo que sólo las que trabajamos en este ámbito y empresa te podemos entender a la perfección.

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  7. ¿Quien ocupará tu taquilla? un trabajador temporal con contrato de lunes a domingo que no cobrará ningún festivo o domingo y que se irá como entró, sin saber doblar un trapo.
    ¿Le contarán de quién era? No. Quien sale de la secta muere. Su número es lo único que figura en su lápida. Como en las fosas comunes.

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    1. Muy bien dicho. Toda la razón llevas. Las únicas que hablarán de ella serán ñas “compi-amigas” que pudo tener. El resto, seguirán escupiendo maldades y seguirán mirándola por encima dem hombro, una clienta más.

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  8. Yo dejé de trabajar en Zara hace dos semanas y lo echo muchísimo de menos…. tanto lo bueno como lo malo. Yo también empecé como tú, queriéndolo dejar todo y pensando que sólo serían unos días. He estado seis meses y me ha acabado gustando tanto que estoy deseando que me vuelvan a llamar. Lo que más me gusta es el ambiente de trabajo, mis compañeras, y la forma en la que acabas sacando una sonrisa aunque la misma tempestad esté llamando a la puerta de los probadores…. Necesito experimentar más, quiero seguir aprendiendo más de este trabajo a pesar de que la carrera que estudié no tiene nada que ver con el mundo de la moda. Es como una droga….
    Enhorabuena por esta entrada tan verdadera, tan real que sólo las que hemos sido empleadas de esta gran tienda podemos entender. Gracias por escribir algo que nos representa tan bien.

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  9. Yo entré para tres meses y el lunes que viene hago 10 años. No en Zara, pero en otra de Inditex. Echo la vista atrás y me parece increíble que haya pasado tanto tiempo, que haya aguantado tanto, y desde luego tengo claro que en eso tiene mucho que ver las personas que he tenido de compañeras. No sé lo que me quedará, si me hartaré yo o se hartarán de mi, porque ya una va teniendo una edad, pero en todo caso se me hace raro pensar que mi vida cambiará tanto. Mucha suerte y mucho ánimo para la nueva etapa que comienzas.

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  10. Soy empleada de Zara de las de muchos años y me ha emocionado leer tu historia y como lo transmites , espero q puedas volver a formar parte de esta gran empresa gente como tu tiene q estar con nosotros , rrhh tiene mucho labor q hacer , pero Zara engancha es como si dependiera de ti todo inditex.. Espero q tengas mucha suerte en tu nueva etapa

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  11. No puedo estar más identificada con lo que has escrito. Pese a las cosas malas que tiene trabajar de cara al público, aguantar malas contestaciones, reclamaciones y sobretodo aguantar a señoras que te gritan desde la otra punta de la tienda diciéndote: oye nena mírame esta talla.. No debemos olvidarnos que hay gente que son un cielo y da gusto atenderles como se merecen y hacer tu trabajo de 10! Por eso mismo, los que sois consumidores de este tipo de tiendas, tener en cuenta que con la misma educación y respeto que vais a pedir ayuda a una dependienta, ella/él podrán atenderos lo mejor que puedan e intentar ayudaros en cualquier duda que tenga.
    Y sobretodo.. Esos compañeros que ves casi más qe a tu familia, al final se convierten en tus mejores consejeros, y es ahí donde conoces tesoros de verdad.
    No todo va a ser malo trabajar de cara al público 🙂
    Mucha suerte en tu nueva etapa! 😉

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  12. Quien diga que conoce la naturaleza humana tiene que haber trabajado de cara al público, si no, no vale. En atención al cliente conoces -y sale de ti- lo mejor y lo peor de las personas.
    O como vi hace poco en una gráfica muy cómica: quien diga que el cliente siempre tiene la razón es porque no ha trabajado de cara al público 😀

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