Reservaba una botella de vino en la despensa. «Para una ocasión especial», eso me dije para mis adentros al verla. La tenía guardada desde el pasado diciembre. Un rioja del 2004. Un Marqués de Riscal. No entiendo mucho de vinos, solo los olisqueo (y después los bebo) mientras un escalofrío por la espalda me advierte al oído: «nena, cuidado, que te vas a emborrachar». El caso es que pese a no entender en exceso, sabía que este iba a ser de los buenos.
La botella fue uno de los obsequios de la caja de Navidad. Y ahí estaba, cubierta bajo una delgada capa de polvo, mirándome de reojo, esperando con paciencia que llegara la tan ansiada «ocasión especial». Seguro que día tras día pensaba…»bueno, tu ya para cuando quieras, sin prisas», «tú espera, espera, que como no pintes tu la ocasión especial lo llevas claro, bonita».
Qué maja ella, la botella, digo.
Dicen que las ocasiones las pintan calvas, ¿o eran las oportunidades? Si, creo que sí. Pero qué sabré yo, si lo único que sé de calvas es que me enamoré de (casi) una hace algún tiempo. Si quitamos eso…la verdad no sé mucho más. Ni de calvas, ni de ocasiones, ni de oportunidades.
Con los años crees que vas teniendo el control de las situaciones, que la experiencia te suma puntos y te da ventaja. Que será más fácil reconocerlas. Que sabrás coger el toro por los cuernos y verlas venir, pillarlas a tiempo. Pero lo cierto es que no. Yo, al menos, lo único que sigo reconociendo son las calvas. Es un hecho. Para todo lo demás, me siguen haciendo falta luces de neón.
A veces esperamos tanto y con tantas ganas la ocasión en mayúsculas, que pasamos por alto las que van en minúsculas, las secundarias que se acaban alzando con el Oscar. Son como las actrices revelación, que nadie da un duro por ellas cuando salen en series de la tele hasta que un buen día te restriegan por la cara un taquillazo. Como la última rebanada del pan de molde, que nadie la quiere.
¿Qué ha de tener una ocasión especial para que sea especial?
Estamos acostumbradas a luz de luna de fondo, música clásica, velas, bombones, flores, príncipe azul. ¿Es eso, no?
Estamos acostumbradas a soñar a lo grande con lo que hubo antaño, con lo que nos han contado que pasaba antes. O con lo que vemos por ahí, de vez en cuando, muy de vez en cuando,
No nos damos cuenta que a veces perdemos brillantes ocasiones por no darles la oportunidad de serlo. No nos damos cuenta que, a veces, perdemos oportunidades por no darles la ocasión idónea, esa ocasión que lo cambie todo. Es el gran defecto de los idealistas. De los buscadores de detalles. De los estúpidos románticos. Estamos en la continua búsqueda de la perfección, de la secuencia que bien valga el Oscar, del final del cuento que leerías mil veces sin cansarte.
Y nunca aprendemos. Siempre pensamos en guardar botellas de vino, vestidos y perfumes. Siempre reservamos un pedazo de alma para la gran ocasión, para la gran oportunidad. Siempre guardamos parte de las cartas nunca escritas, y muchos te quieros no expresados. Nunca aprendemos. Nunca nos rendimos.
Siempre nos emocionamos cuando escuchamos hablar de amor, cuando alguien lo encuentra y sentimos que, oye, «tal vez existe». Y pensamos, vaya, es cierto, puede que existan las grandes ocasiones, las grandes oportunidades de las que hablan por ahí. Pero lo que no sabemos, es que tal vez, no sea todo a lo grande. Lo que no sabemos es que tal vez, haya que abrir las botellas de vino los lunes por la noche. Lo que no sabemos es que tal vez, las grandes ocasiones nacen de ocasiones pequeñas. Que no hay que guardar tanto, que hay que expresar más, apostar más, brindar más.
Y hoy, mejor dicho, anoche, brindé por ello.
Brindé por los minúsculos momentos de felicidad diaria que pasan por alto, por las risas que nadie sabe que te pegas sola acordándote de algo. Por los instantes en que te sientes eterna, aún sabiendo que morirás algún día. Por las canciones que te acompañan mientras trabajas. Por la suerte invisible que va a tu lado y que ni distingues por la negatividad del ambiente viciado que te rodea.
Brindé porque la botella me lo pidió.
Me dijo que por qué no iba a ser un lunes por la noche una ocasión especial.
Brindé por las cartas nunca escritas, por los te quieros nunca expresados y por los pedazos de alma que aún me reservo.
Brindé por vosotros.
Y por mi.
LCDLJ
Imágenes obtenidas en Pinterest
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Lástima no haberte acompañado en el brindis ayer. Me habría venido bien una copa… puede que hoy también.
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Yo quiero otra ahora, brindemos Fer 😉
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Uff un poco pronto brindar a las nueve de la mañana… pero si esperas a las doce nos tomamos una caña, bueno tú un vino blanco 🙂
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Preciosa reflexion… Gracias por estas letras. Un beso
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Muchas gracias Félix! Un beso!
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Tus palabra son mágicas. Me encanta leerte.
¡Un beso enorme!
Pd.: Ya contesté tu email 🙂
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Guapa! Voy a contestarte,a ver si se nos ocurre algo!jajaj (en qué líos me meto, y te meto de golpe!) Mua!
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¡Una vez más, brillante reflexión! No he podido sentirme más identificada con la chica idealista que siempre se encuentra esperando la ocasión especial y el momento perfecto que nunca llega.
No tengo palabras, simplemente me has vuelto a encantar con tu entrada,
¡Un beso!
Patricia.
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Mil gracias Patricia!! ❤ Un besazo!!
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Me voy a por el cava y me uno al brindis. ¡Chin chin!
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😀 Brindemos!!Yeahhh
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eso es, me encanta vivir los moemntos, yo soy de las que nunca espera y vive el día a día al máximo. Hablando de amores de película, no te olvides de pasar por mi blog. Estreno sección, con una boda de esas que sé que te encantan, a lo mejor hasta te inspira en tus nuevas entradas. Muchos besos y me encanta el nuevo look del blog, es genial!
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No hay mejor día que este, ni mejor lectura en este día que tu post. Me ha hecho una gran reflexión.
Abrazos desde el Caribe.
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Mil graciaaas!!! 😉 ❤
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Dí que si, que mucho tiempo pasamos esperando a la ocasión especial y un lunes cualquiera con una copa de vino bueno y buena compañia puede convertirse en una ocasión especial que recordar dentro de un tiempo!!! Y si no, si se queda en un lunes con una copa de vino… ¿y lo rico que estaba el vino?
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El vino estaba que no veas…jajajaja Un besazo guapaa!!!
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Realmente me ha encantado la reflexión. Debemos aportar más, vivir más y no reservarnos a un futuro que nunca llega si no lo vives.
Un saludo desde http://uncuadernoenblanco.blogspot.com.es/
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Muchas gracias por comentar Cristina! 😉 Me pasaré a visitarte, seguro que me encanta!! Un beso!!!
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