Qué quieres que te diga

Nunca me ha gustado hablar por teléfono. Creo que soy un poco anti personas, pero a la vez no sé estar sola. Soy rara. A veces inestable. Lloro con frecuencia, con libros, pelis o canciones. Lloro cuando algo me parece injusto o cuando no sé expresar lo que me ha hecho daño. A veces pienso demasiado, sobre todo en cosas que no tienen arreglo. Sueño a todas horas y además siempre tengo sueño. Tengo sueño cuando no se ha de dormir y no puedo dormir cuando toca descansar. Me gustaría cambiar de vida cada dos meses aunque solo fuera por probar. Estudiar magisterio. Y filología inglesa. Leer una novela por semana y fundirme todas las series del mundo en un abrir y cerrar de ojos. Y ver los clásicos que tanta vergüenza me da no haber visto y que nunca quiero confesar en público.

Nunca me han gustado los concursos de la tele, salvo uno o dos contados. Ni las ecuaciones, ni el esmalte rosa, ni los coches morados. No me gustan las libretas cuadriculadas, ni las muñecas de porcelana, ni los marcos de fotos plateados. No creo en la gente que siempre está de buen humor, ni en la que no te sujeta la puerta del patio, ni en la que se mete con tu música favorita, ni en la que juzga sin tener ni idea. No creo en los rayos UVA ni en los vaqueros con rodilleras. No creo en las blogueras que solo comparten sus secretos cuando ven que otra los desvela.

TWO FOR THE ROAD, Audrey Hepburn, 1967

Pero creo en la gente auténtica, en la que no tiene miedo a ser original o a patinar tratando de hacer lo que le gusta. Creo en las personas que se caen mil veces pero que, desde el suelo, ya están pensando en cómo hacer para volver a intentarlo. Creo en la gente que te reta, que te crispa lo justo para hacerte sacar carácter y defender tu punto de vista. Creo en los que defienden lo que creen justo, a pesar de dejar de caer tan bien como quien siempre calla. Creo en la gente que grita de vez en cuando. En la que prefiere gastar dinero en cenas antes que en ropa. En la que recomienda series. En la que comparte contigo cultura de mierda, como vídeos sórdidos de Youtube. En la que está más cerca que nadie aunque no esté a tu lado. En la que no teme ser sincera y abrirte los ojos por tu bien.

Creo en “I don’t wanna miss a thing” de Aerosmith, creo en Xoel López, creo en La La Land. Creo en mandar mensajes absurdos solo para hacer reír a alguien. Creo en nuestra generación, aunque no tengan mucha fe en nosotros. Creo que la mejor red social es una mesa compartida pero también creo que las redes sociales te acercan a gente maravillosa. Creo en nosotros, lo prometo. Creo de verdad que podemos ser invencibles.

Creo en el poder curativo de un concierto. Creo en la capacidad de las personas para empezar de cero, de moverse si es que no son felices haciendo lo que hacen, de perseguir sus ilusiones, de sacar tiempo para regalar a quienes quieren. Creo en las amigas y en las hermanas como solución ante cualquier comida de cabeza. Y en los abrazos maternos como refugio ante ataques nucleares. Y en las noches de sushi. Y en el helado de tarta de queso.

Y en Mónica y Chandler.


Creo en ti. Creo en tu arte como forma de vida. Creo en tu forma de capturar momentos. Creo en tus letras. Creo en tu mirada. Creo en ti como inspiración. Creo en todas las personas que me llevaron hasta ti. Creo en “Say what you want” de Texas, en los trenes, en los cafés solos, en los videojuegos, en cruzar fronteras hasta caminando, mientras sea juntos. Creo en los peajes, mientras sean contigo.

Y en que lo más bonito de la vida se encuentra en los caminos más insospechados.

Y siento que desde que creo en nosotros, soy más feliz.

Así que me quedo así.

Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

22 comentarios sobre “Qué quieres que te diga

  1. Yo también estudiaría magisterio! Y periodismo! Filología inglesa ya he estudiado y haría taaantos cambios a la hora de enseñar los contenidos. Sobre todo en literatura, me encantaría llegar algún día a poder enseñar literatura desde la pasión a futuros alumnos de esa carrera y no como me la enseñaron a mí.

    Yo también confío más en la gente que se gasta el dinero en comida, jajaja.

    Precioso, como siempre!

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  2. Cómo diría el guardian ( que por cierto hace mucho no se nada de el )
    Creo en los patos de central parck y en qué París es para los enamorados.
    Solo nos queda vivir que para morir nacimos.

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      1. ¿Lo tienes tú? no se porque cerraron su espacio en ELLE, pero tengo la esperanza de encontrarlo en algún café de Madrid buscando el amor o tal-vez conversando sobre quien ganaría una pelea entre superman y otro supér héroe de cómic. saludos

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  3. ¡Vaya, lo que realmente mola es quejarse de todo! ¿Son entonces mejores los que siempre están de mala leche? ¡No, gracias! Una cosa es los que siempre están buscando el chiste fácil y se esfuerzan por ser los más divertidos, dicharacheros y simpáticos del mundo, con lo que demuestran no tener ninguna empatía con los demás, y otra cosa bien distinta es esa gente que siempre está con la sonrisa en la boca… ¡Hay gente que no sonríe ni con receta médica! ¡Yo estoy hasta las narices de la gente cabreada! ¡Cada día hay más, y en eso los referentes de la política son letales! No confundamos “el estar de buen humor” con “el obsesionado por ser el graciosillo de la reunión”. Aún diré más, la gente que siempre está de buen humor debería ser contratada por ley como funcionarios de sanidad.

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    1. Obviamente, no estoy diciendo que sea mejor estar de mal humor, ni mucho menos. De hecho, yo casi siempre estoy de buen humor. Me refería más bien a la gente que nunca muestra otro tipo de sentimiento como enfado, tristeza o simplemente, que da su opinión ante algo que importa. Creo que es importante mostrar los sentimientos cuando es necesario y no fingir siempre una postura positiva o una sonrisa que no se siente. Espero que me entiendas mejor con esta explicación, porque ni mucho menos este post NI EL BLOG EN GENERAL, es una oda al mal humor y a la queja sin más. Y si a veces me quejo, porque es mi blog y mi forma de expresarme (como hacemos todos en un momento dado), creo que estoy en mi derecho como lo estamos todos 🙂 Un saludo y gracias por pasarte a comentar.

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  4. Te lo diré por pasiva. ¿Qué me responderías tú si yo ahora te dijera ahora a ti que no creo en la gente que “casi siempre” está de buen humor? ¡Tú acabas de decir que casi siempre estás de buen humor! ¿Eso significa que en ese “casi siempre” tus sonrisas sean falsas o tu actitud positiva sea un engaño? No, no lo creo, y menos viniendo de ti. Lo mismo que tampoco creo —ni tú tampoco, estoy completamente seguro— que las personas que “casi siempre” están de buen humor sean unos personajes planos, como tú no lo eres evidentemente ni yo ni nadie (aunque, se pueda aceptar que unos podamos ser más redondos que otros). Porque tú sabes, a nada que conozcas un poco la psicología de las personas, que ese “buen humor” que tantas personas nos regalan es eso, un regalo, bien porque nos aprecian, bien porque aportan su grano de arena para que la convivencia sea mejor. Sin embargo nadie duda que esas personas lloran también, sufren también, están tristes también (muchas veces sin que nadie les oiga, sin que nadie les vea o sin que nadie se entere nunca de nada). Tú misma, yo mismo… Los personajes planos sólo salen en las películas. Pero en la vida los personajes son reales y todo es real: cuando ríen, cuando lloran cuando están tristes… Otra cosa es que a ti, a mi o a los otros sólo quieran regalarles su mejor cara. Por eso, para mí siempre serán unos pequeños o grandes héroes de la existencia todos aquello/as a los que siempre o “casi siempre” se les ve de buen humor. Eso para mí tiene mucho mérito. Y para ti también, ¿a que sí?

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    1. Claro que tiene mucho mérito, y estoy de acuerdo en todo lo que dices. Creo que en una frase que se dice por decir de forma totalmente espontánea y sincera como bien puedo decir “no me gusta el reguetón”, has dado por hecho muchas cosas que, por supuesto, yo también defiendo. Creo que algunas cosas no se han de tomar al pie de la letra, y menos en un blog personal de una chica con tendencias literarias un tanto desequilibrada a ratos 😛 Lo bueno de estas cosas, es que se expliquen como se expliquen, siempre te llevan a la misma conclusión: a veces no se utilizan las palabras correctas, pero en esencia, todos tenemos claro qué está bien y qué está mal y compartimos los mismos valores 🙂 Un abrazo grande y gracias por cuestionarme y hacerme pensar.

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      1. A pesar de que escribes muy bien —a mi personalmente me encanta como escribes— y me podías haber mandado perfectamente a paseo por mis matizaciones, me das las gracias por mis puntos de vista (que no cuestionamientos) y por hacerte pensar. Sólo me resta decirte: “chapeau” por tu buen talante y también por tu talento. Ahí queda de manifiesto tu clase, tu educación y tu elegancia. Todo está ahora palmariamente claro. Gracias a ti y suerte.

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