Querido boli peludo

6 de febrero, 2025

Querido boli peludo que llegaste a este escritorio hace hoy justo una semana: bienvenido al extraño caos ordenado de mi vida. Seguro que cuando te saqué de la bolsa de regalo pensaste que había algún error o algo, sí, tengo bastantes más años de los que pensabas, lo sé, pero mis amigas saben que me gustan los gatos, los bolis y las plumas –o purpurina o lentejuelas, cualquier cosa que brille– rosas y resulta que tú lo reúnes todo, como esas personas que me gustan mucho, que también pienso que lo reúnen todo hasta que dejan de reunirlo y entonces me da bajón, pero ya estoy enamorada, así que solo me queda desenamorarme y desembajonarme mientras resoplo y culpo a mi suerte –que, entre tú y yo, te diré que es mucha, tal vez no en el amor, pero sí en la vida–. Y es que ¿sabes qué? desde este año tengo dos cumpleaños, cosa que es de ser muy suertuda y encima soy acuario en los dos: ahora soy la chica más acuario de todas las chicas acuario.

Eso seguro que no te lo esperabas. Igual que no te esperabas compartir espacio con dos pares de pendientes –unos me los trajeron los Reyes Magos y son dos flores tropicales fucsias y amarillas, y otros me los regalaron mis compañeros cuando cumplí 36 y monté un karaoke temático de Taylor Swift, y son dos cruasanes– un muñeco de un gatito que me regaló Cris cuando le conté que estaba pocha, un Ternurín conejo con un lazo en la cintura y una polaroid con dos de mis mejores amigas: Marta y Nuria. Tú no las conoces pero son como un dúo musical pero de los que no se enfadan ni luchan con sus egos gordos a ver quién ha sacado la mejor estrofa para la mejor canción. Son, cómo decirte, un soplo de magia; si se te acercan, las plumas rosas que te cuelgan, echarán a bailar y te harán cosquillas, y ya no serás jamás la misma persona, que sé que no eres persona, sino objeto, pero yo creo que en el fondo todos los bolis sois un poco personas porque tenéis la capacidad de dar vida a esos mensajes e historias que, de otro modo, solo vivirían en el silencio de la cabeza de un alguien cualquiera.

¿Conoces a quienes te compraron? Ellas son Lara y Claudia, las conozco desde los 18 y debes saber que nos llamamos a nosotras mismas hobbits porque no medimos más de uno sesenta, que ahora todos parecen más altos, pero no es cierto, solo están más estirados, nosotras venimos de un año en el que decían que si te comías los Petit Suisse –ahora Danoninos, es que ni eso nos han dejado– de dos en dos crecías hasta poder jugar al baloncesto, pero qué quieres que te diga, que yo me los comía de cuatro en cuatro, sobre todo los de chocolate, y no he metido una canasta en mi vida. Pues somos los hobbits y vivimos en Hobbiton y creo que, no sé si por medir lo mismo o haber estudiado lo mismo, pero nos parecemos mucho y a mí eso me gusta, porque me gusta lo que veo cuando las miro y me gustó lo que vi al abrir la bolsa y verte a ti ahí, boli peludo.

Los tulipanes que te acompañaban en la bolsa me miran de reojo como diciendo pero vamos a ver, nosotros qué, que a todo el mundo gustamos y estamos vivos, nosotros sí, vivos, y nuestro color es cierto y significamos muchas cosas, admiración y cariño sincero, por ejemplo, a ver qué significa ese –te llaman ese, que sonaba más despectivo cuando se tildaba, a la tilde le faltaba escupirte–. Y yo los miro, hoy ya están un poco pochos, igual que yo cuando Cris me regaló el gatito pequeño, y me siento culpable porque debería haberlos mirado más cuando estaban erguidos, o haberlos acariciado y dicho algo como pétalos bonitos, qué suaves sois, si es que parecéis seda, cómo brilláis en este cuarto con balcón pero poca luz, junto a esta cama llena de chinchetas. Mi madre ha dicho antes: pero míralos, se están espachurrando hacia abajo, qué lástima dan. Y yo he pensado, pero no lo he dicho, que si hasta los tulipanes se espachurran, con lo hermosos que son y los pocos problemas que tienen, cómo no voy a espachurrarme yo a veces.

Querido boli peludo que llegaste a este escritorio celebrando dos cumpleaños, solo te diré ya una cosa, o si se me ocurren dos que valgan la pena tal vez te diga dos. Si alguna vez quieres mucho a alguien –que sí, que los tulipanes me dirán otra vez que no sientes ni padeces, pero yo creo que sí– díselo. Y dos: trata de no ser un ogro con quienes te quieran tanto como para madrugar por ti pero, sobre todo, para desvivirse por ti, que suena como muy dramático pero es muy cierto, porque habrá muy pocos que lo hagan, pero esos pocos, no vivirán, ni respirarán, ni mirarán escaparates en paz hasta que tú lo hagas.

Y bueno que ya está.

Besitos.


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Comentarios

Una respuesta a «Querido boli peludo»

  1. Avatar de Mar Bayona | Aroma de letras

    Esa foto es pura magia. Querido, boli. Cuídala mucho, tiene tanto que contarnos… ♥️

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