Milagros a escala

El sol en la cara. Café de máquina en un tren. Auriculares grises. Un nuevo comienzo. Un final que nunca parece lo suficientemente lejos. Dormir en un asiento y saber que nadie me hará una foto con el dibujo de un dedo metido en la nariz. Escuchar a Alfred y a Amaia cantar «Et vull veure» y pensar en lo perro que es el amor a veces. La peor de las noticias nada más abrir los ojos. Un gran país que se suele creer muy pequeñito pero que es grande, muy grande. Héroes con nombres y apellidos, de los que se dejan las manos y el alma por salvar una vida poniendo en peligro la suya. Orgullo. Pena. Empatía, por mucho que sea imposible saber qué se siente. Qué más decir.

Mensajes. Felices 31, pequeña. Aunque ya no lo eres tanto, no te flipes. Deseos y promesas. Todo irá bien. Mientras haya salud que venga lo que tenga que venir. Pasteles de nata y velas para dos personas que no siempre se entienden, pero qué haría yo sin ti, mamá. Una casa que siempre será el sitio en el que nacieron los regalos más importantes que me hizo mi hermana sin ella saberlo. Un jardín por llenar de nuevas flores. Amigas que siempre están. Siempre. Que nunca descuidan ni un detalle ni un rescate. Lagrimitas muy tímidas que se escapan sin querer. Más WhatsApps que llegan. La chica que tengo enfrente se ha dormido con la boca abierta. Ojalá poder meterle un papelito o algo. Sí. Cumplo 31.

El reflejo de mi flequillo corto, demasiado corto. Bueno, el pelo crece. La mochila nueva y el ordenador listo para ser usado. Descargar aplicación de WordPress en el teléfono. Escribir. Porque si no escribo no sé quién soy. Echarle un poco de azúcar a la herida. Un Donut blanco. Dios, cuánto tiempo sin comer. El chico que tengo en diagonal me mira de reojo sin saber que estoy escribiendo esto. Ahora Alfred está cantando «qué es Londres sin ti…». Se acaba la canción y escucho un ronquido. No me gustaría ser el que está roncando.

Y me acerco a Madrid. Con 31 recién cumplidos. Cada vez ronca más, que alguien despierte a ese señor, por favor. Cielo azul. Pequeños milagros. No siempre valoramos las frases cortas, pero los pasos también son cortos y nos llevan hacia nuestro destino cada día. Respirar. Que hayamos amanecido sin el gran milagro no significa que no haya habido muchos pequeños milagros estos días, cada día, a todas horas. Y los seguirá habiendo aunque ahora el dolor sea intenso. Seguirán estando ahí. De verdad. Nacer. Comer. Una casa y una cama calentita. La palabra generosidad. Y solidaridad también. Los abrazos. Que existan las tiritas. Morderte las uñas esperando que algo salga bien. Conocer a alguien divertido. Un diagnóstico positivo. Un aprobado raspado. No perder el metro. Encontrar un billete escondido en la cartera. Cobrar un poco más sin esperarlo. Un pantalón que te entra cuando antes no cabía. Un bocadillo de atún con olivas. Unos pendientes nuevos. Qué sé yo. La simpleza. Los videos de gatitos. Los gatitos en general. Mi gatito moñas. Una ducha. Quitarte los zapatos al llegar a casa. Y el sujetador.

Voy a parar ya porque se me gasta la batería. Pero si vierais el cielo que se ve por la ventanilla os enamoraríais. Tal vez no lo valoremos lo suficiente. Tal vez las cosas no siempre salgan como queremos, pero siempre hay algún motivo para ello y si no lo hay, no pasa nada. A fin de cuentas, todos seguimos sin encontrarle sentido al origen vida y todas esas cosas que nos llenan de preguntas… pero seguimos viviendo. Y que siga así.

Un beso enorme. Voy a empanarme mirando al infinito hasta que llegue. Se os quiere, hoy puede que más que nunca.

 


 

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¡Gracias por leer!

Escrito por

Mirando al cielo con ojos de niña desde 1988. Acuario y valenciana, con vocación de florista y escritora por defecto. En mi partida de nacimiento pone que soy María del Carmen Gómez, pero se les olvidó dejar por escrito aquello de mi propensión a soñar, mis ansias por viajar y esa manía tan mía de enamorarme de cada gesto romántico que me regale la vida. Desde 2013 soy, también, ‘La chica de los jueves’, y con ella, llegó la revolución. Las horas plagadas de cafés y de letras. La ilusión, la magia, lo desconocido. Un ‘Corazón de fondant’ y un ‘Bienvenido a casa’ después, me encuentro con una maleta llena de amor y de rosas blancas, de ciudades y de recuerdos. ‘El silencio de las flores’ no es un libro más, es un trocito de mi alma que, desde este momento, también es tuyo. Por tu lectura, por abrazarme con tus pensamientos, por dejarte llevar por los míos y por darme tanto cariño, no puedo hacer otra cosa que darte las gracias.

11 comentarios en “Milagros a escala

  1. Con el pasar de los años nos tropezamos, caemos y volvemos a levantarnos y creo que todo es un ciclo en el que aprendemos distintas experiencias, que nos ayudan a veces a reencontrarnos con nosotros mismos.

  2. Muchisimas felicidades por ese 31 cumpleaños y también por tu forma de escribir. Me has recordado un viaje que hice yo no hace mucho, y en el que me dediqué a guardar en mi cabeza todo lo que iba transcurriendo a mi alrededor. Cuando llegué a casa también cogí el blog y me puse a escribir, ja ja.
    Mucha suerte en esa nueva etapa tuya, y por cierto, el flequillo te queda fantástico, así que ya sabes… ¡a comerte el mundo!
    Muchos besos 😀

    1. Miles de gracias 😍😍😍 un beso enorme y a seguir escribiendo sobre viajes y sobre todo lo que nos mueva por dentro 😘😘

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