“Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”

(Antoine de Saint-Exupery)

 

Seguirá lloviendo. Seguirá temblando. Seguirá mordiendo el polvo, la carne cruda, la paja que nadie quiere. Seguirá pidiendo. Seguirá robando. Seguirá rogando un poco de cariño. Seguirá pegando, gritando, tronando. Seguirá enfadándose como quien quiere que a todas horas le hagan caso. Seguirá muriendo sin que nadie se de cuenta salvo las raíces que se pudren bajo sus pies. Seguirá serio, sin sonrisa, sin dejarse hacer cosquillas; sin dejar que le soplen, ni que le miren, ni que le hablen. Seguirá mirando por encima del hombro a todo aquel que ose mirarle descaradamente y a los ojos.

Seguirá habiendo odio. Seguirá existiendo gente que detesta a otra gente, gente que mata a otra gente porque sí. Seguirán quedando vidas sin crecer por el camino, bocas sin comida, ojos que no saben leer, corazones que enmudecen ante tanto horror, pies que paran porque saben que no sirve de nada correr cuando un arma te apunta. Y no puedes escapar. Y caes. Y te despides lentamente de la vida que te ha tocado vivir. Seguirá cayendo gente sin sentido, sin razón, sin motivo aparente. Seguirá existiendo el dolor, la maldad, la mentira, la injusticia. Seguirá llorando el mundo cuando note que el peligro le mira de frente. Seguiremos poniendo nuestras barbas a remojar cuando veamos las del vecino cortar. Seguiremos sintiendo más de cerca lo que está cruzando una frontera, lo que nos roza, aquello con lo nos sintamos más reflejados. Seguiremos viendo más de lejos lo que queda a más cruces de frontera, aunque sea igual de terrible para la especie humana.

Seguirá crujiendo. Seguirá latiendo. Seguirá sangrando. El mundo. Este mundo seguirá defraudándonos, asustándonos, rompiéndonos por dentro y por fuera, sin piedad.

PARIS

 ¿Pero sabéis algo?

También seguirá habiendo amor. En todas y cada una de sus formas.

Y esto, esto va para vosotros. Aunque nos asustemos, aunque lo irracional del pánico nos invada, la sensación de injusticia, la inseguridad y las nubes tapando el sol dejando la temperatura bajo cero, aunque pase todo eso, tomad nota.

Seguiremos saliendo. Seguiremos bebiendo, cenando, fumando (para quien fume), bailando (para quien baile). Seguiremos encendiendo velas, rezando aunque no creamos en Dios, porque si en algo creemos es en las personas, y queremos que las personas estén bien, aunque no sepamos bien como mitigar su dolor, cómo sanar nuestro propio corazón. Seguiremos sintiendo, en mayúsculas. Seguiremos adorando la libertad, la igualdad, la fraternidad. Seguiremos amando la tranquilidad, las siestas, las fiestas, las risas y todo eso que nos llena el corazón de felicidad. Seguiremos disfrutando de una buena película o de un concierto de lo que sea que suene. Seguiremos queriendo, cuidando, preocupándonos más de los demás que de nosotros mismos. Seguiremos temiendo el futuro de quienes ahora crecen entre nuestros brazos. Seguiremos abrazándonos, cuando necesitemos algo que nos ancle a la tierra. Y sentirnos menos solos. Y sentir que, aunque sea en la desgracia, estamos juntos.

Y seguirá sonando música, una música que suene mucho más alto que el estallido de una bomba.

Hoy estoy triste, pero sé que tanto horror nunca podrá con tanto amor.

Porque lo hay.

Estoy segura de ello.

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PD. Un no rotundo a aquellos que tildan de «postureo» el hecho de compartir fotos de París o usar el hashtag #prayforparis, y no lo digo porque yo lo haya hecho, sino porque creo que nadie jamás haría de una barbarie tan horrible postureo. Así menos tonterías y más dedos de frente.

Un beso enorme a todos.

M.