Hagamos un trato. Ahora que estoy aquí sola, sin nada que me distraiga, ni siquiera tú…te pediré algo. Llevo tiempo pensando en toda esta locura que nos envuelve y te quería proponer algunas cosas. Serán sólo pequeños remakes, pequeñas peticiones, pequeñas modificaciones…de esas que por pequeñas que sean, acaban provocando un gran cambio. A ver, por donde empiezo…

 

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…Te cambio mi banda ancha por un día en el parque, por un giro de tuerca, por un minuto contigo. Te cambio los días por las noches, las llamadas por los besos y los mensajes por dos copas de vino tinto. Te cambio el contador de visitas por un cine con palomitas, por unas risas descontroladas, por un corte de pelo espontáneo, por volver a caerme de tu bici, por volver a volverte loco.

Si quieres te lo cambio, porque no me importa nada darte mis palabras clave para que hagas con ellas lo que quieras, no me importa nada desvelarte mis contraseñas porque las que más me importan ya las sabes de sobra: siempre supiste descifrarme con cautela, con tranquilidad; yo en cambio nunca supe hacerlo, de hecho nada más lejos de la realidad.

¿Sabes qué? Si quieres, te puedo cambiar los ratos que aun estando contigo, no estaba. Esos ratos en los que mi principal foco de atención estaba en una pantalla táctil, cuando te podría haber estado tocando a ti todo el rato. Te cambio todo el trabajo de más, por nuestras cartas de menos, por nuestras lunas llenas y vacías de nada.

Y todo lo que he aprendido, te lo regalo, mejor dicho, te lo cambio por volver a aprender de nuevo, desde cero, desde siempre, pero contigo, porque odio asomarme a esta ventana si no estás tú al otro lado.

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“Muy a menudo amamos las cosas y usamos a las personas, cuando deberíamos estar usando las cosas y amando a las personas”

(Abraham Lincoln)

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«Demuestra que no eres un robot…» 

«¿En serio…? ¿Y qué te hace creer que no lo soy?»Eso he pensado. Estaba comentando en uno de mis blogs favoritos y ya sabéis, me ha salido la típica ventanita con el código numérico (en este caso, porque otras veces te salen palabrejas que no adivinarías ni aunque hubieras estudiado élficoa copiar, para «demostrar que no eres un robot». Bien por mi. He abierto una Coca-cola mientras comprobaba una vez más el teléfono móvil. Creo que pierdo la cuenta de las veces al día que lo hago. Estoy convencida de que nuestra generación va a desarrollar superpulgares de tanto teclear.

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Pero…¿en serio? Pregunto de nuevo…¿en serio?

Cada día que pasa tengo más claro que somos robots en toda regla. Puede que robots con emociones, vale. Pero robots al fin y al cabo. Y no os engañéis, que esta teoría está más que estudiada. Somos como robots manejados por otros robots. Máquinas de carne y hueso controladas por baterías de litio, redes sociales, enchufes y tarifas de datos. Un «No sin mi móvil» continuo. Haced una prueba. Es tan fácil como sentaros en un banco en la calle, o solos en una cafetería. Veréis cómo andamos todos como locos mirando únicamente al móvil, chocando por la calle con otras personas por no ir mirando al frente. Veréis mesas llenas de amigos o novios que en vez de hablar entre ellos, están hablando con otros amigos no presentes por whatsapp, y gente absorbida por la pantalla de algún ordenador, Ipad, Ipod o cualquiera de la familia de los Apple (de los Apple de toda la vida).

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La soledad del 2.0. He decidido el título antes de terminar el post, cosa que no suelo hacer. Soledad. ¿Cómo nos podemos sentir solos con tantos followers o con tantos amigos reales que…miran al teléfono antes que a nosotros…? Hay gente que hasta compra fans, por Dios (que es lo mismo que comprar amigos). Es como si en el patio del colegio hubiéramos sobornado al grupo de los «guays» para que jugaran con nosotros y nos invitaran a sus fiestas de cumpleaños. ¿Os imagináis?…

Y como eso, todo. Cedemos tanto espacio a nuestro cibermundo que no paramos de perder valores y vivencias. Perdemos mucho, a todas horas. Perdemos a personas que nos quieren, perdemos amistades, costumbres, momentos con un libro o conversaciones con nuestros padres. Perdemos aficiones por la falta del tiempo que dedicamos a menesteres absurdos, perdemos la posibilidad de enamorarnos a primera vista de alguien, por no mirar, simplemente.

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Lejos de parecer un blog de consejos psicológicos (a los cuales intento no parecerme aunque a veces la pifie) creo que deberíamos recuperar lo básico, lo real. Los apretones de manos, los dos besos, las cartas a puño y letra, las hojas de las revistas y los libros, las charlas largas y pausadas.

Creo que deberíamos vivir más y usar menos Instagram, colgar menos estados en Facebook y disfrutar más de ellos mientras están sucediendo. Tendríamos que cocinar más, dormir más, pasear más, amar más.

Y sobre todo, esto.

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Que disfrutéis del finde, pero de verdad.

Imágenes extraídas de Pinterest