El violinista del 12

Hace ya unas cuantas vidas que decidió que esa sería su pared, su lugar en el mundo para crear magia.

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Siempre sale en diciembre, con la Navidad al caer,  quizás con una estrategia puramente comercial, a sabiendas de su don para ablandar corazones a base de notas.

El hombre del violín sabe como llenar una calle corriente de encanto. Sabe donde dar. Sabe qué canciones escoger para cada momento, como si supiera lo que estás pensando y lo que sientes en ese momento exacto.

Siempre lleva una chaqueta marrón y una boina desteñida por el tiempo y la intemperie. Y siempre me sonríe e inclina la cabeza cuando paso por su lado. Como si me conociera y supiera que soy la romántica empedernida de la calle de al lado.

Como si pudiera ver mi cara de boba al escucharle tocar desde mi casa en las tardes nubladas de manta y nostálgia.

 

Hoy ha vuelto. El dieciocho del 12.

También ha elegido bien cuando volver, qué casualidad.

Creo que en el fondo lo tiene todo medido al milímetro. Seguro que hasta sabía que habría luna llena, y que la magia incrementaría en un doscientos por ciento.

Me han dado ganas de acercarme a pedirle explicaciones, a preguntarle porqué aparecía siempre de la nada, de un día para otro. Que dónde se metía en Abril y en Octubre. Que si era una especie de sociólogo-psicólogo-oportunista navideño-mentalista de pacotilla.

A darle una colleja por tocar mi sensibilidad.

A decirle que porqué siempre en el mismo sitio, y siempre con esa misma odiosa sonrisa de tierno bonachón.

Qué porqué se tomaba la libertad de dominar la calle con su violín, hombre ya.

Pero he seguido por mi acera, haciendo como si nada, como si no hubiera reparado en su vuelta, con la bufanda tapándome las orejas y las manos en los bolsillos. Andando rápido, mirando al frente, intentando no dejar que leyera mi mente y supiera lo que estaba pasando por ella. Notando escarcha en la nariz y los labios cortados por el frío.

Escuchando Impronta en Spotify a todo volúmen para olvidarme de sus delicadas notas toca-fibras.

Y ya puestos, para olvidarme también del 12, aunque el resultado casi ha sido contraproducente.

 

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Porque el 12 es más difícil de olvidar que el violín. Bastante más.

Y menos con bandas sonoras deprimentes de fondo, que anda que también…qué mala elección.

El 12 siempre vuelve, como el malo de la película. Lleno de luces de colores que tapan agujeros negros de vacíos existenciales y soledades varias. Es como poner papel pintado sobre una pared vieja y agrietada o como adornar tu vida a base de muérdago y guirnaldas.

El 12, tapa bocas con polvorones y te recuerda todo lo que debes y no debes hacer con tu año nuevo.

Te obliga con cenas y risas que no siempre sientes al reir, y cubre de cava todo aquéllo que no tienes, ahogándolo en burbujas, que desaparecen en cuanto sale el sol.

Y te mata a recuerdos, y te llena de faltas.

Pero todas esas luces de colores, son como esas dosis de magia del violinista. Todos los brillos y la purpurina, y los kilómetros de espumillón y papel de regalo. Son una realidad paralela donde nada importa más que un paisaje nevado, o más que unos cuantos turrones. Donde la gente parece predispuesta a cambiar y tomar las riendas de una vida mejor.

Y en el fondo, y aunque sea una realidad sostenida con pinzas, parece que el ambiente se llena de un poco de eso que falta del 1 al 11.

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Dejémoslo en que el 12 también suena a violín, en realidad.

Suena a magia, como la que tiene la pared del violinista.

Me suena a ti.

Y me suena a luna llena.

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Imágenes obtenidas en Pinterest.

Escrito por

Mirando al cielo con ojos de niña desde 1988. Acuario y valenciana, con vocación de florista y escritora por defecto. En mi partida de nacimiento pone que soy María del Carmen Gómez, pero se les olvidó dejar por escrito aquello de mi propensión a soñar, mis ansias por viajar y esa manía tan mía de enamorarme de cada gesto romántico que me regale la vida. Desde 2013 soy, también, ‘La chica de los jueves’, y con ella, llegó la revolución. Las horas plagadas de cafés y de letras. La ilusión, la magia, lo desconocido. Un ‘Corazón de fondant’ y un ‘Bienvenido a casa’ después, me encuentro con una maleta llena de amor y de rosas blancas, de ciudades y de recuerdos. ‘El silencio de las flores’ no es un libro más, es un trocito de mi alma que, desde este momento, también es tuyo. Por tu lectura, por abrazarme con tus pensamientos, por dejarte llevar por los míos y por darme tanto cariño, no puedo hacer otra cosa que darte las gracias.

3 comentarios en “El violinista del 12

  1. …. me encanta la idea de12. Te la compro si me la dejas a buen precio, tú que eres tendera y sabes de economía. jajaja
    Habrá que hacerle caso a ese 12 y decidir cómo cambiaremos esos números del 1 al 11, que falta nos hace. 🙂

  2. qué bonito! ójála hubiera más como este violinista. Disfruta mucho de las fiestas sin perder tu lado más romanticón que inspira tanto tus historias. Qué tengas una Navidad llena de alegría, chamán, cafés y macarons!!!!!! Besossssssssssssss

  3. Guapa!!!! Paso por aquí para desearte una feliz navidad! Espero que pases una nochebuena entrañable, con tu familia y ese sobri que tienes que es para comérselo!!!!

    Un besazo enorme, guapa!!!!!

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