Ya no recuerdo el primer libro que tocaron mis manos, quién fue el primer personaje que me cautivó o qué final me hizo llorar antes que otros tantos. No tengo muy claro ahora mismo cuándo cambié el misterio por lo romántico, ni cuándo volví a cambiarlo, rozando casi el terror y la decadencia de las calles de posguerra y las luces apagadas de una Barcelona casi muerta. Y de tantas otras historias, llenas de dolor y de magia tras ese dolor, y de amor tras tanto dolor. Si algo he aprendido de los libros es que el amor siempre gana. Y la risa. La risa que prevalece cuando la desesperanza pisa fuerte con tacón de aguja. La risa de cuando no te quieres reír. Nunca dejes a medias un libro que te provoque ese tipo de risa: son los mejores.

Veréis, tengo mala memoria. Ya no sé si me cambió más la vida «El Regalo» o «El laberinto de los espíritus», solo sé que en los dos me perdí sin ningún tipo de remedio, que los dos me vaciaron por dentro para llenarme de una versión mejor de mí misma y que gracias a ambos y a otros tantos, no desistí en mi empeño por convertirme en escritora. Y ahí estamos. Poco a poco. Con más ganas de escribir que nunca pero con los pies más en el suelo que hace dos años. Tal vez sea así como se agarre por los cuernos una verdadera carrera profesional y no por la ilusión del momento, que también.

Sea como sea, las letras, las páginas, los libros desgastados y subrayados, y las personas que generan historias, son mi vida. Y seguiré con ello hasta que ya no pueda seguir con nada.

Hoy no he podido ir a Sant Jordi. La verdad es que ha sido un poco bajón entrar a Instagram y ver a un montón de escritores y editoriales potentes colgando stories continuamente. ¿Sabéis esa gente que habla de «envidia sana»? Vale, pues yo no creo que exista, creo que envidia solo hay una… y vaya si la he sentido. Pero ¿sabéis qué? Sé que las horas, el empeño y el talento (el mucho o poco que pueda tener) trabajado darán sus frutos.

Sea como sea, llegue o no hasta esa cima reservada a unos pocos privilegiados, os aseguro que estos años lo valen todo. No hay nada que quitar o que poner. Con mis alegrías y mis penas, y mis lloreras, que no han sido pocas. No hay nada -de verdad, nada- que defina lo que se siente al tocar tu primer libro impreso. Y el segundo. Y dedicarlo sabiendo que será algo especial de alguna forma para esa persona. Y verlo en librerías. En serio, es impagable. 

Impagable. Hay cosas impagables. Una de ellas me sucedió el pasado marzo en una de las presentaciones más bonitas que he vivido hasta el momento. Me gustaría compartir con vosotros el texto que redactó para la ocasión mi querida Raquel. Como podréis imaginar, me emocioné. Me encantaría tener también el que preparó Mario, el otro presentador (igual de encantador) pero por desgracia no lo tengo. Fue precioso, al menos para mí lo fue… así que espero que os guste. Feliz día del libro a todos. Gracias por acompañarme en esta aventura tras casi cinco años desde su comienzo. Impagable. Vuestro cariño también es impagable.

 

«Es un placer tener aquí a Mamen para hablar de sus libros, y para mí, un regalo poder compartir y formar parte de este momento tan especial, pues aparte de su dulzura, frescura y su eterna sonrisa, sus letras inspiran, motivan, relajan y sobretodo atrapan. Atrapan porque escribe con pasión, desde la emoción, desde la esperanza, de una manera cercana que te llega al corazón y te hace pensar.

Al leer sus libros, me he vuelto a encontrar con aquella magia que creía olvidada y con muchas ilusiones, me ha hecho llorar de alegría, de esperanza pues en sus relatos habla de sueños, magia, de vivir y sentir cada momento, momentos de decepciones, ilusiones, todos relatados con su maravilloso arte. Arte que provoca sensaciones, que conmueve, que transmite bienestar, que transmite paz.

Sus seguidores, sus lectores necesitábamos que continuara creando, que siguiera sanando corazones y, en el momento en el que ella era más fuerte, llegó ÉL y ella sintió que con la luz, magia y energía que desprendía tenía que entrar por completo en su casa y quedarse para siempre y así le dio la bienvenida con este libro, “Bienvenido a casa – y otras formas de decirte que te quiero-» , el libro homenaje a su blog.

Así que lachicadelosjueves abre su casa de un modo original, y al mismo tiempo que la abre para él, nos la va mostrando también a nosotros. En ella vemos momentos que conocemos o rincones completamente nuevos. Como se expone en el prólogo, la casa de Mamen es el hogar de quienes buscan el aliento necesario para dar otra oportunidad a la vida.

En sus líneas podemos sentir, que lo importante de un hogar no es el lugar en sí, sino la magia que lo habita.

En cada rincón que nos presenta nos deja una melodía que demuestra una vez más su delicadeza y su encanto. ¿Qué sería un hogar sin su banda sonora? Y para ello Mamen nos adentra en la cotidianidad y calidez del hogar mediante diferentes estilos musicales, conocidos o no tan conocidos por sus lectores, pero que agradecemos escuchar porque nos hacen emocionar junto a sus palabras, provocando así un ambiente mágico.

Esta casa también consta de una habitación de invitados, un rincón mágico por donde pasan seres especiales, redactores, lectores que no han dudado en colaborar y formar parte de esta maravillosa obra.

Y cajones desastres repletos de pensamientos, reflexiones, ideas sueltas, de alguien que dice lo que siente y lo que piensa, sin miedo a nada.

Pero a mí personalmente, hay una parte del libro LA DEDICATORIA, que junto con uno de los últimos posts publicados en el blog de lachicadelosjueves, me provoca ternura, nostalgia. El libro está dedicado a su abuela Carmen y, tomando prestadas algunas palabras de tu post RECUÉRDAME, te diré, Mamen que  -Ella, la que te ha visto, te ha oído y te ha tocado desde que asomaste la cabeza un 26 de enero, con la que has compartido tanto y que sin duda sabe lo mucho que la quieres, la que te dice “no te fíes de nadie hija, la gente es muy mala y tú muy bonica”- seguro que en sus momentos más lúcidos, estará muy orgullosa de este maravilloso regalo.

Y ya para finalizar decirte que leerte es una delicia y , te pido no, te ruego que sigas escribiendo porque lo haces genial y porque quiero seguir aprendiendo, soñando, imaginando, sintiendo…

Gracias Mamen por todo lo que nos enseñas y nos haces sentir.

Bienvenida.»

Creo que cuando una se queda sin palabras, lo único que puede decir es GRACIAS. Gracias por darme la bienvenida, gracias por acogerme en vuestras casas.

Nos leemos pronto, amigos.

M,