Cuando nadie me ve

“Una ventana al mundo”, así han titulado las chicas de La 8 Salamanca la entrevista que me hicieron el mes pasado. Lo han titulado así porque yo lo llamo así, mi ventana al mundo. Siempre he creído que para una persona un poco tímida de primeras como puedo ser yo, la oportunidad de tener un blog personal leído era un regalo y una forma de conexión única con un montón de personas. Yo, que nunca fui la más popular del instituto (ni mucho menos del colegio), puedo llegar a miles de personas con mis entradas y mis libros. Puedo conseguir trabajos -que no es lo mismo que vivir de lo que me gusta de verdad, que no os pinten esto como la salvación vital, por favor- porque levanto curiosidad por tener un blog. Puedo tener más opciones -aunque tampoco tantas- que otros escritores que no lo tienen. Parecen todo ventajas, ¿verdad? Puede parecer que me asomo a esta ventana diciendo algo como “vaya, a ver qué le cuento yo hoy al mundo. A ver, pensemos: si está un poco nublado les diré que hay que sonreír. Si está soleado pues… que lo disfruten, que la alegría en la casa del pobre siempre dura poco”. No. Bien pensado, y tras el paso del tiempo y de las circunstancias, sé que este sitio tan personal no es una ventana al mundo: es un refugio ante el mundo.

Mi refugio anti-bombas y anti-ataques nucleares. Aquí tengo todo lo necesario por si la guerra se desata: mi versión original, lo más puro, mi reflejo sin ningún tipo de adorno ni sonrisa falsa. Estas cuatro paredes virtuales son tan refugio que cada vez me cuesta más hablar de ello como algo abierto al público. A veces -recalco que solo a veces-, desearía que fuera anónimo y poder sentirme libre cien por cien de nuevo, como al principio. Al principio, cuando me ayudó a entenderme, a superarme y a salvarme. Al principio, cuando nadie me veía. Supongo que está muy usado el título que le he dado a esta entrada, pero creo que es el que debe ser. Porque… ¿no estáis de acuerdo en que solo sacamos lo que de verdad somos cuando nadie nos ve?

Y sabiendo esto, ¿no pensáis también que deberíamos actuar más veces como si nadie mirara?

Aunque sea difícil en estos tiempos que corren.

Parece que todo lo he contado cuando creo que nadie me ve. Que esta entrevista no es más que la gota que colma la historia y que ya no podéis saber nada nuevo sobre mí… pero os aseguro que no. Cuando nadie me mira, ni me lee, ni me tiene cerca, soy todo un cúmulo de desastres que no sé ni explicar de manera que se entienda. Cuando nadie se sienta a mi lado en el sofá, me hago un ovillo, me tapo con la manta y pongo capítulos de Friends aunque me los sepa de memoria. Cuando nadie hace ruido cerca, escucho tan fuerte mis pensamientos que hasta me llegan a asustar; y oigo golpes que no existen, y siento cosas que no pasan. Cuando nadie me ve busco escapadas que casi nunca llego a comprar, imagino viajes, nos veo caminando por playas y ciudades, a ti y a mi, ¿sabes? Pienso continuamente en el siguiente vuelo contigo, solo que no siempre te lo digo.

Cuando nadie me ve, vuelvo a escuchar a My Chemical Romance y a sentirme exactamente igual que hace doce años. Y vuelvo a escribir solo para mi, gritando entre lineas que nunca sé muy bien dónde estoy ni adónde voy, ni por qué tanto que hacer siempre, ni por qué tanta presión si la vida son dos días y hemos pasado más de la mitad yendo detrás de personas que no eran, odiando nuestro aspecto, trabajando o estudiando sin parar, llorando porque la película romántica no existe o por problemas que lejos de ser nuestra responsabilidad, son lastre hasta nuestro día final. Cuando nadie me ve pienso mucho en qué depende de mi y en qué no. Abro las dos manos y agarro lo que sí con todas mis fuerzas y le digo bajito que yo cuidaré hasta el más mínimo detalle para que no marchite. Pero lo que no, con mucho esfuerzo, estoy empezando a aprender a quitarlo de la mochila. Desde entonces, llevo siempre bolsos pequeños con lo justo. Y supongo que soy más feliz.

Cuando nadie me ve te echo tanto de menos que hasta las pestañas me duelen. Aunque creas que es imposible que lo hagan. Cuando nadie mira, contemplo una por una las líneas de mis manos y sé que pase lo que pase, nunca dejaré de soñar con un mundo sin tantas obligaciones, sin tantas caras largas y sin ti cuando acaba el día dentro de mi casa.

Supongo que cuando nadie me ve soy tan feliz y tan triste a la vez que nadie me comprendería jamás a pesar de considerarme como un libro abierto.

Que no os engañen mis páginas llenas de letras, que lo que de verdad cuenta es lo que se esconde tras ellas.

Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

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