Todos los días de nuestra vida

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Perfecta, ¿verdad? El pelo, los ojos, los labios, el cuello. Los rasgos delicados, la piel suave, las cejas apuntando al cielo y las pestañas a quién sabe nadie. El escote que insinúa. La pose sexy a la par que distraída. La blusa colorida, llamando miradas y despertando envidias. Seguro que a más de uno le gustaría probarla, olerla, atarla. Seguro que más de una diría: “Pues tampoco es tan guapa”. Seguro que sus amigas, si las tuviera, pensarían alguna vez que ojalá tuvieran su porte, su talla, su yo que sé. Seguro que su novio, si lo tuviera, pensaría alguna vez, que ojalá nadie la mire como lo hace él.

Pero ella es solo un dibujo. Por eso es tan perfecta. Por eso te embobas mirándola y ella ni siente ni padece. Por eso no le importa que la cojas y la cuelgues en un cuadro de la pared. Porque no es de carne, ni de hueso, ni de alma. Todos los días de su vida tiene esa misma cara misteriosa, tan bonita, tan bien trazada, tan sumamente atrayente. Todos los días de su vida son iguales. Siempre oye, en su universo de papel, halagos y piropos más o menos acertados. Siempre tranquila. Siempre impecable. Siempre altiva e inaccesible. Siempre mona y elegante. Y silenciosa.

¿Quieres saber algo? 

A ella se le puede manejar. La puedes cambiar de sitio, la puedes arrugar, manchar sin querer, romper, perder, vender. Con ella, esa chica inerte dibujada en una cartulina, puedes hacer lo que quieras. Ella sí es un objeto. Nosotras NO.

Nosotras no somos ella, que te quede claro.

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Nosotras no estamos hechas de lápiz e imaginación, no somos fantasía, no somos de papel, no se nos puede manejar, ni mover, ni mucho menos romper. Nosotras no somos tu ideal de belleza, ni tu trofeo en el estante, ni tu juego de mesa. Nosotras no somos ni tu muñeca, ni tu llavero, ni tu criada. No somos esa que se esconde en la letra de una canción de reguetón ni aquella que está solo para satisfacer tu ego. No somos menos que tú, aunque cobremos menos. No somos ni la guarra ni la estrecha. No somos ni la fácil ni la estirada. No por sonreirte queremos que nos levantes la falda. No por estar bailando en un pub tienes derecho a arrimarte y tocar. NO. Nosotras no somos un dibujo. Somos como tú, pero sin pene. Algunas valen para profesiones en las que creías que tenías la exclusiva tú, como ingenieras, científicas o policías,  y no sólo para las típicas que te inculcan de niña, haciéndote pensar que no se te dará bien nada más. Algunas tienen mucha más fuerza física de la que tendrás tú en toda tu vida. Algunas tenemos mucha más fortaleza mental de la que jamás podrías imaginar por más que le dieras a la cabeza. Algunas salvan vidas mientras que muchos las quitan.

Qué débiles somos, ¿verdad?

Debe ser, por esa supuesta debilidad, que todos los días de nuestra vida tenemos miedo. Miedo a quedarnos solas en la calle de madrugada. Miedo a que alguien nos siga los pasos. Miedo a que alguien nos mire demasiado. Miedo a ir demasiado cortas o demasiado apetecibles. Miedo a decir algo inapropiado. Miedo a hablar demasiado. Miedo a que no nos respeten. Miedo a que nos insulten si no aceptamos lo establecido. Sí, creo que debe ser por esa hipotética debilidad que vamos con miedo a todas partes. Ese miedo que te hace fingir que hablas por teléfono, o preparar las llaves escondidas bajo la manga de la chaqueta, o llevar una navaja suiza que ni de coña sabrías utilizar, pero que te da seguridad.

Porque todo cuanto te rodea te recuerda tu debilidad. Todo. Tu falsa debilidad. La debilidad que parte de esta sociedad quiere que creas que tienes para seguir manipulándote a su antojo.

Pero no eres débil. No somos débiles.

Y todos los días de nuestra vida debemos recordarlo.

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Recuerda, y yo trataré de hacer lo mismo, durante todos los días de tu vida estas palabras. Recuérdalas cuando alguien te haga sentir inferior, cuando alguien te provoque terror, cuando alguien te quite la voz. Recuérdalas no sólo en casos extremos, sino todos los días en cada pequeño gesto, en cada minúsculo detalle machista. Porque de granos de arena también han nacido playas. Porque todo comienza con un mal gesto, con un comentario, con cualquier pequeñez a la que restes importancia porque así te ha acostumbrado el lugar en el que te ha situado nuestra sociedad. Recuerda siempre estas palabras cuando alguien quiera que no pienses por ti misma. Recuerda estas palabras cuando alguien te haga sentir que no vales.

Tú eres carne, hueso, alma. Tú no eres un dibujo ni una foto mejorada a golpe de photoshop. Tú eres perfecta tal y como eres sin que nadie te retoque las arrugas ni los michelines. Porque tú eres carne, recuerda. No eres papel, no eres goma, no eres cera. Nadie tiene que moldear ni tu cuerpo ni tu pensamiento. Nadie tiene que obligarte a ser nadie que no quieras ser. Nadie tiene derecho a tocar lo que no quieras que toquen. Nadie tiene derecho a causarte dolor psíquico, ni mucho menos físico. Porque también eres hueso. Recuerda tu estructura, piensa en tus articulaciones, en tus tobillos, y fija la vista en tus pies. Y echa a andar cuando sientas que alguien frena tu crecimiento, cuando topes con alguien que reste calcio a tus huesos. Y mueve las rodillas, corre y vuela si hace falta. Porque también eres alma. Eres alma. No eres un robot entrenado para callar, asentir y cocinar. No eres un florero vacío. No eres un cuerpo de usar y tirar. Eres alma. Y eso nadie te lo puede quitar.

Tú eres una persona con la única misión de ser feliz por ti misma y no dependiendo de nadie. Tú eres única tal y como eres.

¿No te das cuenta?

Tú eres guapa, buena, lista y muy importante. Eres fuerza y sensibilidad con un toque justo de bipolaridad. Eres locura algunas veces, pero también cuerda. Y magia. Y paz. Y perdón. Eres superación y valor. Eres amor. Puro amor. Y sé que estás cansada de hacer mucho y sentir que la vida te devuelve poco, y piensas que hagas lo que hagas, nunca será suficiente, nunca estarás a la altura, nunca serás como las chicas de las revistas. Y piensas que nunca estarás en el mercado cuando superes cierta edad. Que nunca se te mirará con buenos ojos si decides no ser madre o no querer casarte con nadie. Que nunca nadie te querrá si te quejas tanto, si te rebelas tanto, si eres tan tú y tan poco princesa. Sé que sueñas con romper con todo, aunque en el fondo te aterra sentirte distinta. Porque nos hacen creer que todos los caminos conducen a un hombre.

Y de esa cruel forma nos siguen dominando.

Pero recuerda que al final todo acaba cayendo, todo acaba cambiando, todo acaba desapareciendo. Solo hay que picar un poco en la base del edificio. Poco a poco. Poco a poco. Pegarle cada vez un poco más fuerte con un buen martillo. Hasta hacer que se derrumbe. Porque ya basta de tantos días con miedo. Ya basta de tantos días con tanto callar, con tanto ceder, con tanto aguantar. Porque juntas podemos.

Porque todos los días es hoy.

Todos los días son 8 de marzo.

#Niunamás

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Gracias a Noelia Whol por cederme sus maravillosas ilustraciones para este post.

Gracias a todas vosotras.

Esto va por todas, por las que estamos y por las que ya no están.

Feliz día.

M.

Escrito por

Escritora, bloguera, adicta a Pinterest y a los espaguettis. Experta en comerme la cabeza, ñoña de manual, algo impulsiva, algo romántica. Lectora empedernida, fan del maíz y la Coca-Cola. Abonada a las noches de tarta y vino. Turismóloga y Community Manager. Empecé a escribir de broma y hoy es mi pasión, mi verdadera vocación. Mi primer libro, "Corazón de fondant" ya está a la venta. Bienvenid@. ¡Gracias por quedarte!

15 comentarios sobre “Todos los días de nuestra vida

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