12 Comments

  1. Esta es una de esas lecturas que me guardo para releer de vez en cuando. Cuando me invada la tristeza o me de un bajoncillo, para animarme, recordarme que todo es actitud, y que la vida sin amor, no es vida.

    Feliz año Mamen, que 2016 te sonría más aún que 2015 y no dejes de compartir estas bonitas reflexiones con nosotros. ¡Un beso!

  2. Minipececita

    Eres puro arte! 🙂 Gracias por regalarnos bonitas reflexiones… estoy contigo, el amor es el motor de la vida, lo que da verdadero sentido a levantarse cada día y sí, el 2016 nos deparará cosas preciosas y momentos intensos y megapreciosos.

    Un superbesazo flor!

  3. BikoLand

    Eres una artista! Transmites algo de sentido a la vida, cruel e intendible, pero que merece la pena aprovechar. Te haré caso y escribiré todo lo que se me pase por la cabeza positivo y lo pondré en mi tablón para verlo cada mañana al despertar. Que tengas una buena salida y entrada de año y avisa cuando publiques tu libro pq seguro q es un éxito! 😚

  4. Animan de verdad tus palabras y hacen pensar que… pues eso, que nos atrevamos a querer y a demostrarlo, que no pasa nada, que solo podrán salir cosas buenas de ello. Gracias por este post! 😀

  5. Neri

    Gracias por comprartir tu arte… definitivamente es amor
    Feliz 2016! que sea un año de sueños cumplidos, de atreverse, de darle la cara al miedo y vencerlo, de amor y gratitud 🙂

  6. Cómo entiendo ese enfado por el papel lanzado, llevo tiempo en esa cruzada ingrata de llamar la atención sobre su fea acción a algunos que lo hacen, pero este año me he propuesto no hacerlo sólo con algunos sino con todos a los que vea.
    Ese acto del papel al suelo es mucho más que un acto sucio, es el acto público y visible del egoísmo que reina y del poco respeto que hay en la convivencia, y si uno no es capaz de contener esa acción poco cívica olvídate que se cumpla una pizca de lo que deseas en tu texto; el reinado del amor a uno mismo y al prójimo.

    Feliz 2016.
    Besos.

  7. Siempre he pensado (bueno, quizás siempre es demasiado tiempo; digamos que tengo conciencia de que ha sido siempre) que las personas que tenemos la inmensa suerte de vivir en sociedades más o menos acomodadas, más o menos pacíficas y más o menos democráticas, en general no sabemos valorar el tesoro que tenemos. Cada vez me da más pena y, la verdad, voy perdiendo la fe en el ser humano, comprobar lo poco que la gente valora su propia vida, y no me refiero al “milagro” biológico de estar vivos, sino a cómo la desperdiciamos haciendo montones de cosas (la primera de ellas la rutina gris, muy, muy gris) con las que no nos sentimos en absoluto a gusto. Cuánta gente ha renunciado a la pasión, a la belleza (no pienso en la belleza estética y superficial), al arte… Gente que es incapaz de pensar que se merece una oportunidad, que no se cuestiona que lo que hace la está hundiendo en la miseria.
    Tendemos a creer que lo material siempre es mejor que lo intangible, que lo que sea que sea la felicidad habrá más posibilidades de que esté a nuestro alcance a través de una tele, un coche, unos zapatos de marca o un móvil que incluso respira por nosotros, que si renunciamos a buena parte de ello simplemente para dedicarnos a nuestras inquietudes, a conocernos, a valorarnos, a darnos la oportunidad de hacer con nuestra vida lo que realmente deseamos (aunque hayamos pasado toda una vida sin siquiera planteárnoslo).
    Te prometo, y prometo que no es postureo, que no existe objeto material alguno que se le acerque ni remotamente lejos al placer que me produce caminar por la montaña, sentarme en una roca a llenarme de paisajes increíbles, escribir lo que siento o escribir lo que me gustaría que fuera leído. Y es obvio que en mi vida también hay rutina gris, pero creo que he conseguido minimizarla bastante en beneficio de ese amor del que hablas, el más importante, que es el que uno siente por sí mismo (no vanidad), que es lo que permite que amemos al prójimo, que dejemos los cubiertos en el plato y se lo acerquemos al camarero, que mantengamos la puerta abierta para que pase el vecino, que guardemos el envoltorio en el bolsillo hasta encontrar una papelera, o que demos las gracias de corazón a la pediatra que ha atendido a tu hijo con una sonrisa sincera.
    Nunca he sentido apego por lo material. Valoro las cosas en la medida que me sean útiles (tampoco tengo complejo de asceta), de modo que nada que no considere necesario me va a llamar nunca la atención. Y no, no tengo una cuenta corriente como para no tener que preocuparme por el dinero. No me falta para llevar una vida humilde pero muy digna, y eso es más que suficiente. Las charlas, los paseos y las ideas son gratis, y las libretas y los bolis siguen siendo muy baratos.
    Precioso post. Me alegro de que lo hayas compartido.
    ¡Besos!

Deja un comentario